<?xml version='1.0' encoding='UTF-8'?><?xml-stylesheet href="http://www.blogger.com/styles/atom.css" type="text/css"?><feed xmlns='http://www.w3.org/2005/Atom' xmlns:openSearch='http://a9.com/-/spec/opensearchrss/1.0/' xmlns:georss='http://www.georss.org/georss' xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'><id>tag:blogger.com,1999:blog-4035601442093608707</id><updated>2011-09-28T13:40:29.873-05:00</updated><title type='text'>Psicología Naturalista</title><subtitle type='html'></subtitle><link rel='http://schemas.google.com/g/2005#feed' type='application/atom+xml' href='http://psnaturalista.blogspot.com/feeds/posts/default'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4035601442093608707/posts/default?max-results=100'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://psnaturalista.blogspot.com/'/><link rel='hub' href='http://pubsubhubbub.appspot.com/'/><author><name>Carlos Mario Cortés H.</name><uri>http://www.blogger.com/profile/12963637383503195568</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='http://3.bp.blogspot.com/_bKf7hBd5SBs/SaBzRkViaqI/AAAAAAAAADU/sJ6k3xZUotk/S220/Toles.jpg'/></author><generator version='7.00' uri='http://www.blogger.com'>Blogger</generator><openSearch:totalResults>8</openSearch:totalResults><openSearch:startIndex>1</openSearch:startIndex><openSearch:itemsPerPage>100</openSearch:itemsPerPage><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4035601442093608707.post-973068097333629070</id><published>2011-09-24T20:35:00.000-05:00</published><updated>2011-09-26T08:10:20.973-05:00</updated><title type='text'>El recurso de la convicción</title><content type='html'>&lt;i style="color:#999"&gt;Escrito a finales de 2010&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A veces nos topamos con fragmentos de filosofía en lugares inesperados. Por ejemplo, en un bolero:&lt;br /&gt;&lt;blockquote&gt;&lt;i&gt;Y para mis cosas &lt;br /&gt;yo tengo en la vida&lt;br /&gt;sólo el recurso &lt;br /&gt;de la convicción.&lt;/i&gt;&lt;/blockquote&gt;Hace algún tiempo pensaba con frecuencia en estos versos de &lt;i&gt;Motivo y Razón&lt;/i&gt; del trío Los Astros sin tener claro el porqué, hasta que encontré en ellos una idea que entreteje algunos aspectos del trabajo de Ortega y Gasset, Davidson y de Descartes. Como es ya clásico, el asunto empieza con la separabilidad entre la mente y lo que está fuera de ella. Una ilustración en tono cartesiano de dicha separabilidad empezaría por dudar de lo que cotidianamente se tiene por verdadero. Supongamos que queremos convencer a alguien de la verdad de la oración «tu casa se quemó». Lo que haríamos, entonces, sería llevarlo a ver cómo son las cosas: lo llevamos a ver su casa quemada. Cuando nos dirigimos a nuestro personaje, llamémoslo David, con la oración «tu casa se quemó», llamémosla &lt;i&gt;p&lt;/i&gt;, en un primer momento él buscará evidencia para creer en ella, que ahora es, podemos decirlo, un pensamiento o un candidato a creencia, es decir, la oración se vuelve, en David, una actitud proposicional de contenido mental equivalente a &lt;i&gt;p&lt;/i&gt;, desde luego, acomodada a la primera persona: «mi casa se quemó». El asunto parece ser materia de confrontación con el mundo mientras él, después del primer vistazo, se abre paso entre los restos carbonizados de su casa comprobando que se halla ante las ruinas de un incendio. Sin embargo, David se percata de que sólo obtiene más pensamientos de su confrontación, pues se le hace patente que toda la evidencia que obtiene está precedida tácitamente por un «yo», es decir, lo supone. Por ejemplo: «yo veo mi casa quemada». La conclusión, le parece natural, es que la evidencia que soportaría la verdad de su pensamiento es ella misma pensamiento. Así pues, en un segundo momento, cual si fuera una representación de la &lt;i&gt;Meditación primera&lt;/i&gt; de Descartes, cree posible que toda su experiencia sea un mal sueño o acaso una alucinación, si no un genio maligno que se entretiene sumergiéndolo en el engaño. David se siente, así, atrapado en los límites de su mente e incapaz de decidir sobre su calamidad doméstica, pues no puede estar seguro de lo que está viendo porque ni siquiera sabe si puede llamar con propiedad ‘estar viendo’ a eso que le hace creer que su casa se quemó. Se percata también de que nuestro testimonio tampoco le sirve ya que, así como él, nosotros mismos podríamos estar engañados o, más aun, siendo consecuente, llegaría a dudar de nosotros, de nuestra existencia y de la existencia de todo lo demás. ¿Qué razones tiene para atribuirle verdad a sus pensamientos y creencias o acaso para suponer un correlato de alguna manera equivalente a &lt;i&gt;p&lt;/i&gt; en el mundo no mental?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Puede parecer que esta ilustración ligera termina con el germen de preguntas epistemológicas u ontológicas, preguntas sobre la verdad o la realidad. Entiendo que, en parte, éste era el interés de Descartes, pues tres párrafos antes de finalizar la &lt;i&gt;Meditación primera&lt;/i&gt; advierte que, aun cuando haya mostrado que todo cuanto cree es dudoso en cierto modo, no se tomará en serio estas dudas en el transcurso normal de su vida: «no se trata ahora de la acción, sino sólo de la meditación y el conocimiento» (&lt;i&gt;MI&lt;/i&gt; &lt;a href="#1b" name="1t"&gt;[1]&lt;/a&gt;). Esto, sin embargo, no puede significar que en el terreno de la acción tengamos resueltos los problemas de la verdad y la realidad, sino acaso que no podemos tenerlos por problemas: la acción apremia, sean cuales sean nuestras bases para ella. Es entonces necesario tener por verdaderas muchas de nuestras creencias, incluidas aquellas que atribuyen realidad objetiva a los contenidos de nuestro pensamiento. Sea esto el recurso de la convicción sobre el cual versa el bolero y la ilustración cartesiana no será más el germen de antedichas preguntas sino el descubrimiento de una condición subjetiva. David no se hallará ante cuestiones propiamente epistemológicas u ontológicas, sino ante cuestiones prácticas o incluso vitales; descubre que todo su actuar y su razonar se basan en el pensamiento y se limitan a él. En último término, se hace consciente de la posibilidad de una brecha entre su mente y lo que está tras ella y, tal vez, de la imposibilidad de superar sus límites. Nosotros, de nuestra parte, nos hallamos ante la ubicuidad del cogito cartesiano, que el bolero bellamente expresa como sólo tener en la vida &lt;i&gt;el recurso de la convicción&lt;/i&gt;, y deberíamos tener claro que es un aspecto ineludible de los asuntos humanos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero ¿en qué sentido ineludible? David apelaba a las razones cartesianas del sueño, la alucinación o del genio maligno para dudar de un supuesto contacto franco con el mundo ya que son casos en que el contenido del pensamiento no tiene equivalente no-mental y, entonces, se pregunta ¿cuándo lo tiene? Alguien podría ver en esto una desconfianza vana y, así, imitando al esencialista con quien Rorty (1997) se debate en ‘Un mundo sin sustancias ni esencias’, golpearía la mesa creyendo «haber obtenido un pedazo de conocimiento más íntimo» de la realidad (&lt;i&gt;cf.&lt;/i&gt; p. 56) para mostrarnos cómo superar cualquier duda que pudiéramos albergar sobre nuestro contacto directo con ella. Ese arrebato de realismo, empero, no concluiría nada ni nos acercaría a salir de la duda porque bien podríamos golpear la mesa nosotros mismos buscando esa indubitabilidad que aquel esencialista parece tener y, sin embargo, las preguntas de nuevo nos asaltarían: ¿es que no podría todo esto hacer parte de un sueño o una alucinación o de algún artefacto conectado a nuestro sistema nervioso &lt;i&gt;à la&lt;/i&gt; Matrix? La respuesta, creo yo, no puede ser un simple no. Hay que aducir razones. De donde resulta que la única seguridad que tenemos es aquella del cogito. Aplicada a la sensación, esta seguridad me diría que lo que experimento, si bien podría ser falso, es enteramente cierto que así lo experimento y en ello soy incorregible: «esto es, propiamente, lo que en mí se llama sentir, y esto, precisamente, es pensar» (&lt;i&gt;MII&lt;/i&gt;), pues, «aun cuando estuviese dormido, todo cuanto se presenta a mi espíritu es absolutamente verdadero» (&lt;i&gt;MV&lt;/i&gt;). Es, así, la posibilidad de comparecer ante la duda lo que mina nuestra confianza en la sensación y lo que revela su carácter de pensamiento. No obstante esto, el esencialista aun puede encontrar flojas las razones que David emplea para dudar —Descartes mismo, en la &lt;i&gt;Meditación sexta&lt;/i&gt;, las llama ‘hiperbólicas y ridículas’—, pero ellas tienen la indiscutible virtud de ponernos en la penosa tarea de justificar. Dicho de otra manera y consintiendo con el esencialista, tenemos buenas razones para creer que no estamos soñando, ni alucinando, o que nuestro cuerpo y los demás cuerpos y mentes existen. Pero el punto, al que nos lleva la duda, es ése: son razones, nuestras razones, las de cada quién, es decir: «mis razones».&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Vemos ya cómo apretar a la sensación entre los límites del pensamiento. Para completar la caracterización de esta condición humana de manera que cobije a la acción, me valdré de un ejemplo de José Ortega y Gasset. En su ensayo ‘Ideas y creencias’ (1934) él quiere hacernos notar un estrato psíquico subterráneo y secreto, sobre el cual se asienta toda nuestra vida, cuyo material son sólo creencias, creencias en las que estamos y no ideas que tenemos. Nos pide Ortega que pensamos un caso en que nos mueve el deseo de salir a la calle. Ya puestos a pensar, así examinemos este deseo a la luz de un gran número de razones que lo motivan, es poco probable que se nos ocurra contar entre ellas la creencia de que hay calle. Ésta, sencillamente, se da por sentada. Pero adviértase hasta qué punto es una creencia —continúa Ortega— que, si al abrir la puerta nos encontráramos con que la calle no está, con que el mundo termina en el umbral de la puerta, una sorpresa enorme revelaría con toda claridad que contábamos con ella, con la calle, en la base misma del deseo. Este contar con determinadas creencias expresa manifiestamente la verdad del bolero; nos permite ver la ubicuidad del recurso de la convicción. Una condición subjetiva que, como se ve, no obedece a caprichos conscientes. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tenemos, pues, la diáfana ocurrencia mental del deseo de salir a la calle que se soporta en la creencia de que hay calle —y en otras más, por supuesto—. Se nos hace también patente el dolor que nos produce golpear la mesa así como patente es la imagen que tenemos de ella. Pero atribuir el dolor al contacto con la mesa depende de que creamos que hay mesa y creer que hay mesa depende de otras tantas cosas. Así, Descartes advertía, en la &lt;i&gt;Meditación segunda&lt;/i&gt;, que su «veo un trozo de cera» era enteramente cierto sólo en tanto que pensamiento dado, más no lo era en tanto que acto de ver. Pues en términos visuales la imagen es reductible a formas y colores que, sumados a un acto del espíritu, terminan siendo dicho pensamiento, pero no lo son sin él. Y es este acto del espíritu lo que le confiere el carácter dudoso o, por lo menos, la ausencia de certeza al ver, ya que mina la confianza en la inmediatez de lo dado a la mente y limita la incorregibilidad a la mera apariencia. Piénsese, por ejemplo, en el caso de los invidentes natos con que Ramón Turró (2006 [1909]) muestra que la ubicación visual de un objeto en el espacio tridimensional «no es obra de la sensación: es obra de algo que piensa. […Pues] ver no es sentir la imagen retiniana: es sentirla y proyectarla al sitio debido» (p. 34). Es así que, cuando los ciegos son médicamente capacitados para ver, no reconocen los patrones de formas y colores como algo externo que corresponda con los objetos que ellos oyen y palpan sino que se les presentan como un extraño plano mental de sensaciones luminosas desconocidas. Emplazar estas sensaciones en el espacio externo y discriminar en ellas objetos exige aprendizaje a través correlaciones entre movimientos musculares, imágenes visuales y de los otros sentidos. La relación directa, si acaso, se reduce a la aparición de manchas en el campo visual, mientras que ver un algo se soporta en el espíritu. Con lo cual, ahora sí, podemos tener la diáfana ocurrencia del pensamiento «hay mesa». Para luego proceder a golpearla, si se quiere.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Antes de examinar qué significa que el espíritu aporte las bases para nuestras certezas, reducidas ahora a la ocurrencia del pensamiento, quiero señalar que esto apunta en dirección al holismo de lo mental davidsoniano. En términos intelectuales el asunto puede verse con facilidad. Por ejemplo, escuchaba yo a un sacerdote decir: «no dudéis de la fe de quien se queja de Dios porque, para quejarse de Él, es necesario creer en Él». Lo mismo veíamos con el deseo, con los arrebatos de realismo y empezamos a verlo con las sensaciones. Davidson (2001), por ejemplo, lo presenta diciendo que para que alguien vea un cuervo debe tener un amplio acervo de creencias que constituyan su concepto de cuervo, otras tantas sobre su estar allí y otras sobre el ver mismo (&lt;i&gt;cf.&lt;/i&gt; p. 163). Sin tales creencias no tendríamos más que una mera relación fisicoquímica entre un cuervo y un órgano fotosensible que bien podría ser reemplazado por un artefacto no humano, desapareciendo así la posibilidad del análisis perceptivo. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Parece, entonces, que estamos ligando lo fenoménico —la sensación— a lo intencional en tanto que atribuimos un contenido proposicional a los logros perceptivos: «ahí hay un cuervo», «esto es una mesa», etc. Para Rorty (2001 &lt;i&gt;cf.&lt;/i&gt; cap. 1), esta unión es la base de la imagen cartesiana que abre las puertas a los problemas de la filosofía moderna cuya solución se dejó en manos de la epistemología. Pues al convertir la sensación en pensamiento se permitió reificar la sustancia mental en virtud de diferenciarla de la sustancia extensa por la incorregibilidad de los pensamientos experimentados. La patología filosófica que diagnostica Rorty es, pues, la institución de una distinción ontológica, la dualidad de sustancias, a partir de una cualidad epistémica, la incorregibilidad exclusiva de lo mental. Esto, sin embargo, es irse por el lado ontológico del descubrimiento cartesiano, el cual es prescindible para mis propósitos actuales. Lo que urge, quiero decir, es notar la diferencia entre el &lt;i&gt;cogito &lt;/i&gt;como principio metafísico, por una parte, y como principio de racionalidad, por otra. Esto es: o bien tenemos a la indubitabilidad como la propiedad que permite reificar la sustancia mental, &lt;i&gt;esse est percipi&lt;/i&gt;, o bien tenemos al pensamiento dado como &lt;i&gt;lo único&lt;/i&gt; enteramente cierto. No diré, entonces, con Rorty, que «el cambio cartesiano de la mente-como-razón a la mente-como-escenario-interno [fue] el triunfo de la búsqueda de certeza sobre la búsqueda de sabiduría» (p. 64), sino que fue el triunfo de la justificación sobre la sabiduría a través de la reducción de la certeza a límites meramente subjetivos—un resultado claramente rortiano. Luego, extraer del cogito la innegable verdad de la existencia de quien piensa es, para mí, secundario y, en alguna medida, desorientador porque al relacionar esta verdad con cuestiones de existencia se oculta un poco ese valor práctico o vital de dicha ubicuidad subjetiva. Así, por ejemplo, de afirmarse «sólo sé que existo yo en tanto que pienso» se puede preguntar «pero, ¿existe algo además de mi pensamiento? ¿Existe mi cuerpo?». Si bien hay allí materia de entretenimiento filosófico, yo quisiera trabajar no sobre el &lt;i&gt;ergo sum&lt;/i&gt; sino sobre el &lt;i&gt;cogito&lt;/i&gt;: «sólo sé que pienso» y esto, quizás, me permita buscar simpatías con el «sólo sé que nada sé» socrático. Esta relación se me presenta apenas como una intuición, no insistiré en ella. Aun así, me parece notable que en &lt;i&gt;El discurso del método&lt;/i&gt; de Descartes y en la &lt;i&gt;Apología&lt;/i&gt; y el &lt;i&gt;Teeteto&lt;/i&gt; de Platón, según alcanzo a ver, los intereses que mueven a Sócrates y al filósofo moderno son semejantes en alguna medida. A saber, entiendo que a ambos les preocupa el dogmatismo &lt;a href="#2b" name="2t"&gt;[2]&lt;/a&gt;, la confianza espuria de algunos de sus contemporáneos en la verdad de sus creencias. Ante ellos, en mi versión acaso amañada, Sócrates dice «pues yo sólo sé que nada sé» y Descartes «yo sólo sé que pienso y que puedo dudar de todo lo que pienso». Y así, volviendo al bolero, podríamos decir: en nuestra vida sólo contamos con convicciones. La recomendación de ambos filósofos es, pues, que haríamos bien en justificarnos más y mejor. Esta recomendación, con todo, no es una suerte gratuita de urbanidad intelectual. Es, más bien, consecuencia del límite subjetivo que descubre quien se detiene a pensar sobre sí, quien busca conocerse a sí mismo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="#1t" name="1b" style="margin-top: 10px;"&gt;[1]&lt;/a&gt; Cada una de las meditaciones las referiré con una &lt;i&gt;M&lt;/i&gt; seguida del número romano correspondiente.&lt;br /&gt;&lt;a href="#2t" name="2b" style="text-align: right;"&gt;[2]&lt;/a&gt;&amp;nbsp;En apoyo a esta interpretación quizás pueda referir el trabajo &lt;i&gt;La querella en torno al silogismo&lt;/i&gt; del profesor Gonzalo Serrano quien presenta a Descartes como enfrentándose a la tradición escolástica por el uso del silogismo sin procurar la verdad de las premisas involucradas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;i&gt;Bibliografía&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ortega y Gasset, J. (1934) &lt;i&gt;&lt;a href="http://box.net/psnaturalista#psnaturalista/1/117708301/944041615/1"&gt;Ideas y creencias&lt;/a&gt;&lt;/i&gt;.&lt;br /&gt;Rorty, R. (2001) &lt;i&gt;&lt;a href="http://box.net/psnaturalista#psnaturalista/1/28093318/291351228/1"&gt;La Filosofía y el espejo de la Naturaleza&lt;/a&gt;&lt;/i&gt;. Madrid: Cátedra.&lt;br /&gt;Davidson, D. (2001) &lt;i&gt;Subjective, Intersubjective, Objective.&amp;nbsp;&lt;/i&gt;Oxford University Press&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4035601442093608707-973068097333629070?l=psnaturalista.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://psnaturalista.blogspot.com/feeds/973068097333629070/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://psnaturalista.blogspot.com/2011/09/el-recurso-de-la-conviccion.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4035601442093608707/posts/default/973068097333629070'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4035601442093608707/posts/default/973068097333629070'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://psnaturalista.blogspot.com/2011/09/el-recurso-de-la-conviccion.html' title='El recurso de la convicción'/><author><name>Carlos Mario Cortés H.</name><uri>http://www.blogger.com/profile/12963637383503195568</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='http://3.bp.blogspot.com/_bKf7hBd5SBs/SaBzRkViaqI/AAAAAAAAADU/sJ6k3xZUotk/S220/Toles.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4035601442093608707.post-4830325386869678459</id><published>2010-07-19T11:10:00.002-05:00</published><updated>2011-09-24T21:19:02.292-05:00</updated><title type='text'>Hacia una Psicología Naturalista</title><content type='html'>&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;i style="color:#999"&gt;Escrito a finales de 2009&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;span lang="ES-MX" style="mso-ansi-language: ES-MX;"&gt;Es frecuente que dentro de la filosofía se hable de la psicología como una ciencia &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;empírica&lt;/i&gt; que busca las causas de lo mental. Dentro de las llamadas ciencias duras, por el contrario, suele desconfiarse del estatus de ciencia de la misma. La tendencia más común es identificarla con una especie de ‘medicina del alma’ (no es gratis que en la Universidad Nacional de Colombia se haya propuesto pasar el Departamento de Psicología de la Facultad de Ciencias Humanas a la Facultad de Ciencias de la Salud). Para los propósitos del presente texto, esta última posición es quizás irrelevante, pero es un indicador de aquello en lo que más se ha destacado esta disciplina. Por lo tanto, creo que es más probable que ante la pregunta &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;¿para qué sirve la psicología?&lt;/i&gt;, se responda: &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;para tratar problemas sociales&lt;/i&gt;, enfatizando en que lo hace desde la perspectiva del individuo.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-MX" style="mso-ansi-language: ES-MX;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-MX" style="mso-ansi-language: ES-MX;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-MX" style="mso-ansi-language: ES-MX;"&gt;Las otras dos posiciones reflejan, de manera inespecífica tal vez, una discusión sobre la naturaleza del discurso psicológico, ¿versa éste sobre relaciones causales o sobre relaciones racionales &lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-MX" style="mso-ansi-language: ES-MX; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;"&gt;(de justificación)? En el artículo &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;Mental life in the space of reason&lt;/i&gt;s, Svend Brinkmann (2006) arguye a favor de la segunda opción defendiendo con ello una «des­psicologización» de la psicología. Entiendo que tal despsicologización se refiere a menguar las pretensiones de ciencia empírica dedicada a la búsqueda de causas a través de un método que toma prestado de las ciencias físicas. Así, afirma que lo que estudian las ciencias sociales o humanas «de hecho tiene sentido sólo sobre un trasfondo de órdenes normativos, &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;i.e.&lt;/i&gt;, en el espacio de las razones» (Brinkmann 2006: 2) &lt;a href="file:///C:/Users/Bruja/Desktop/My%20Dropbox/Escritos/Hacia%20una%20psicolog%C3%ADa%20naturalista.docx#_ftn1" name="_ftnref1" style="mso-footnote-id: ftn1;" title=""&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style="mso-special-character: footnote;"&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span lang="ES-MX" style="font-family: &amp;quot;Georgia&amp;quot;,&amp;quot;serif&amp;quot;; font-size: 10.5pt; line-height: 120%; mso-ansi-language: ES-MX; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-language: AR-SA; mso-fareast-font-family: Calibri; mso-fareast-language: EN-US; mso-fareast-theme-font: minor-latin;"&gt;[1]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;, no como hechos susceptibles de un examen meramente empírico, ni siquiera como algo reductible a ello, y que, en esa medida, la psicología haría parte de las &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;ciencias morales&lt;/i&gt;. La tesis central de dicho artículo es, pues, que cualquier evento mental, y de conducta humana en general, cuenta como psicológico sólo en la medida en que sea un evento que &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;puede&lt;/i&gt; entrar en el espacio de las razones (cf. p. 12), es decir, en relaciones de justificación que articulan cada evento psicológico con razones para actuar. Lo que esta tesis sugiere es que la explicación del evento en cuanto psicológico debe ir más allá de las causas de las instancias físicas en que se concreta dicho evento, para ponerlo así en una red de justificación. Esto es así, según el autor, porque toda referencia a lo mental depende de la práctica humana de dar y pedir razones de lo que hacemos, pensamos o sentimos. Y es en esta práctica misma, y sólo en ella, donde encuentran lugar los conceptos mentales.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-MX" style="mso-ansi-language: ES-MX; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;"&gt;&lt;/span&gt;Sirve para aclarar este aspecto de lo psicológico la reflexión, a propósito del mito de la enfer­medad mental, del psiquiatra Thomas Szasz (1994): «si las enfermedades mentales son enfermedades del sistema nervioso central, […] entonces son enfermedades del cerebro, no de la mente; si son nombres de comportamientos inapropiados, entonces no son enfermedades» (p. 35). La idea es que una comprobación fisiológica de la enfermedad mostrará que ésta &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;no&lt;/i&gt; es de naturaleza mental sino fisiológica y que, por otra parte, el mero hecho de que haya ‘malos comportamientos’ no es prueba alguna de enfermedad sino que muestra cómo lo que hacemos y lo que decimos está sujeto a un orden social de lo que está bien y lo que está mal y cómo, en virtud de este orden, pueden señalarte como un ‘enfermo’. Éstos son en últimas ‘problemas de la vida’ que los psicoterapeutas ayudan a resolver, no enfermedades que un neurólogo debe tratar. De tal suerte, Brinkmann (2006) puede afirmar: «si hay &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;razones&lt;/i&gt; para algún problema, entonces éste no es una enfermedad, y si hay &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;sólo causas&lt;/i&gt;, ¡entonces no es un problema mental!» (p. 13), con ello busca sortear una crítica, contra su criterio de lo psicológico, que se soporta en el &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;hecho causal&lt;/i&gt; de que las ‘enfermedades mentales’ dependen de un problema neurológico —&lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;i.e.&lt;/i&gt;, son causadas por estados físicos.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;Una psicología &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;psicologizada&lt;/i&gt; es, entonces, una que pretende explicar la conducta de las personas apelando a relaciones causales encontradas a través de métodos empíricos, buscando probablemente en la interacción sujeto-objeto. Si la tesis de Brinkmann es correcta, entonces se seguirá que una estrategia explicativa tal es un despropósito, pues se acerca de manera equivocada a su objeto de estudio y, por ello, la existencia de un método experimental no solucionará los problemas de la psicología. De mano de Wittgenstein (1953), dicho autor sostiene que estos problemas son conceptuales y lo ilustra con el ejemplo de los términos psicológicos de «amor» y «esperanza»: su correcta aplicación no depende de un examen empírico de si, por ejemplo, los sujetos pueden sentir amor o esperanza en el espacio de un segundo, sin importar qué preceda o anteceda a este segundo; aplicar dichos conceptos para emociones de esta duración sería, sin duda, una mala comprensión de los conceptos mismos, cuando no un uso inapropiado intencional. Pero la razón no es que ésa sea su naturaleza empírica, sino que son elementos sujetos a un espacio normativo que regula las aplicaciones correctas o incorrectas de ellos y, en la misma vía, de todos los términos psicológicos. El método requerido es, entonces, distinto del que se ha tomado de las ciencias físicas y más cercano a un examen racional de la normatividad detrás de los conceptos (Brinkmann, 2006; cf. p. 5) &lt;a href="file:///C:/Users/Bruja/Desktop/My%20Dropbox/Escritos/Hacia%20una%20psicolog%C3%ADa%20naturalista.docx#_ftn2" name="_ftnref2" style="mso-footnote-id: ftn2;" title=""&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style="mso-special-character: footnote;"&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span lang="ES-MX" style="font-family: &amp;quot;Georgia&amp;quot;,&amp;quot;serif&amp;quot;; font-size: 10.5pt; line-height: 120%; mso-ansi-language: ES-MX; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-language: AR-SA; mso-fareast-font-family: Calibri; mso-fareast-language: EN-US; mso-fareast-theme-font: minor-latin;"&gt;[2]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;En una línea semejante de pensamiento, Donald Davidson (1994) argumenta a favor de la irreductibilidad nomológica de lo psicológico. Tal irreductibilidad se refiere a la imposibilidad de alcanzar leyes psicofísicas que relacionen de manera estricta eventos mentales con eventos físicos, en la forma de causas y efectos, determinados por leyes precisas de covariación. La argumentación que desarrolla se enfoca en disipar una supuesta paradoja que resulta de la aceptación de los siguientes tres principios: (1) principio de la interacción causal físico-mental; (2) principio del carácter nomológico de la causalidad; y (3) principio del carácter anómalo de lo mental. El primer principio afirma que algunos eventos mentales causan o son causados por eventos físicos; un ejemplo de lo primero es cuando deseo abrir la ventana y de hecho la abro, un ejemplo de lo segundo es cuando abro la puerta y el hecho de que esté lloviendo causa en mí la creencia de que está lloviendo. Los ejemplos, sin duda, podrían mejorarse, pero bastan para indicar cómo algo en el terreno de lo mental puede causar cambios en el terreno de lo físico y viceversa. El segundo principio, por su parte, expresa la idea de que allí donde hay relaciones de causalidad se puede fijar una ley determinista precisa en algún vocabulario dado. Y finalmente, el tercer principio afirma la imposibilidad de incluir, a manera de determinación, lo mental dentro de dichas leyes. La tensión entre ellas, a primera vista, es obvia: si hay relaciones causales entre lo mental y lo físico (primer principio), entonces debe haber una ley determinista que especifique estas relaciones (segundo principio), pero el tercer principio cancela dicha posibilidad.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;La estrategia llevada a cabo por Davidson para socavar esta tensión es formular una versión de la identidad entre lo físico y lo mental llamada &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;monismo anómalo.&lt;/i&gt; Según este monismo, todo acontecimiento mental, en tanto que ocurrencia individual en un punto particular del espacio-tiempo, &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;es&lt;/i&gt; un acontecimiento físico. Es, así, una teoría de la identidad físico-mental de ejemplares —que no de clases— que adquiere su carácter anómalo afirmando que la relación causal entre lo mental y lo físico es posibilitada precisamente por dicha identidad pero sosteniendo que el terreno de lo físico es un sistema cerrado que no admite interacciones distintas a aquellas dadas entre acontecimientos físicos. Esto es decir que la relación causal entre lo mental y lo físico es posible porque lo mental es, en el sentido de la identidad mencionada, físico. Debe tenerse en cuenta, sin embargo, que «el principio de interacción causal se ocupa de los eventos en extensión y, por consiguiente, es ciego a la distinción entre lo mental y lo físico» (Davidson, 1994: 27). Es por ello que podemos hablar de la interacción en cuestión sin violar los tres principios arriba mencionados. Es decir, podemos hablar de la interacción causal físico-mental, sin que ello implique leyes psicofísicas entre clases de eventos mentales y clases de eventos físicos, comportando, así, que lo mental no puede entrar en especificaciones nomológicas deterministas sin dejar de ser mental.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;Ahora bien, para que tenga sentido defender el monismo anómalo —&lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;i.e.&lt;/i&gt;, para mantener la distinción físico-mental sin dualismos de sustancias y sin reduccionismos— se debe mostrar por qué debemos seguir hablando de lo mental y, así, explicar su irreductibilidad. Es aquí donde Davidson recurre al holismo de su teoría de la interpretación para aplicarlo a todo lo psicológico. Por lo pronto, nótese que la disertación de Davidson parece sugerir algo semejante a lo que sugiere la de Brinkmann: la psicología no puede especificar leyes causales. Y si la ciencia es el estudio de las causas, entonces la psicología no es una ciencia.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;Ésta parece ser una conclusión inevitable de los argumentos que vengo bosquejando. Pero quisiera hacer notar que ‘la psicología’ de la que se ha hablado hasta acá es aquella que tiene por materia prima los conceptos mentales tradicionales o cualesquier conceptos basados en ellos. Sin embargo, bien puede pensarse en una psicología que esquive esta conclusión. Y de hecho creo que la hay. Para lograrlo, para escapar a los argumentos anteriores tal como los he presentado, e incluso como son presentados por los autores mencionados, basta con cambiar la ‘materia prima’ con que trata la psicología. Basta encontrar razones, buenas razones, para cambiar su objeto de estudio y presentar un discurso que muestre cómo, con un objeto diferente, se puede hacer ciencia psicológica. A mi entender, el discurso esperado se encuentra en la obra de Josep Roca i Balasch, de la cual hablaré más adelante. Por ahora, veamos más de cerca la relación entre Brinkmann y Davidson para avanzar en la dirección de la conclusión del párrafo anterior.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;Según Brinkmann podemos hablar de 3 tipos de eventos: eventos racionales, eventos irracionales y eventos &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;a-racionales&lt;/i&gt;. Para él es fundamental esta distinción porque su argumentación depende de que haya un tipo de eventos que se explican sólo a la luz de las razones y otros de los que no tiene sentido hablar de las razones porque basta especificar sus causas. ¿Cuál es, entonces, la diferencia entre causas y razones? La clasificación de los eventos nos acerca a entender el meollo del asunto. Un evento es racional cuando la explicación se satisface apelando a una razón, un evento irracional es uno para el que no encontramos una explicación «&lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;razon&lt;/i&gt;able» —por ejemplo, de por qué alguien hizo algo— y un evento a-racional es uno que no puede ser descrito ni como racional ni como irracional por estar fuera del espacio de las razones y requerir, así, una explicación causal. «En tanto que algo sea &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;a-racional&lt;/i&gt; en este sentido, no pertenece a la psicología, y en tanto que sea &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;irracional&lt;/i&gt;, es una pregunta abierta si lo hace o no (cf. la pregunta de si hay razones para la depresión de alguien o si sólo hay causas)» (Brinkmann, 2006: 13). La forma en que Brinkmann presenta esta diferencia revela que lo central es la forma en que &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;podemos hablar del evento&lt;/i&gt;, no una naturaleza intrínseca a éste. Es, como dice Davidson, un reconocimiento de la naturaleza lingüística de las leyes de la ciencia (cf. Davidson, 1994: 27) —y no ‘realista’ como podría pensarse—, es decir, es una forma de clasificar las maneras de hablar sobre los eventos. «Es característico de la realidad física que el cambio físico pueda explicarse mediante leyes que lo conectan con otros cambios y condiciones descritos al modo físico. Es característico de lo mental que la atribución de fenómenos mentales debe responder del trasfondo de razones, creencias e intenciones del individuo» (Davidson, 1994: 49).&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;Puedo entender de lo anterior que la diferencia entre causas y razones presupone lo que Brinkmann está tratando de demostrar: que las razones son propias para la explicación psicológica porque hablar de lo psicológico es describir los eventos como relaciones entre actitudes psicológicas. Y esto es diferente de lo físico por la sencilla razón de que dar una explicación física es limitarse al lenguaje de la física para describir los eventos como relaciones entre cosas según sus propiedades físicas. Es, de nuevo, una diferencia en la forma de abordar el evento, no una diferencia en el evento mismo. Volvemos a la pregunta sobre la utilización del discurso mentalista. ¿Por qué, entonces, no se puede obviar la referencia a lo mental y realizar explicaciones sólo en el terreno de las causas, es decir, de la física? Esto es casi como preguntar: ¿por qué la psicología intenta parecer una ciencia ‘dura’ que da cuenta de las causas de lo mental? Creo que la importancia de estas preguntas no es menor y que su respuesta debe arrancar por examinar los temas que acá apenas estoy sobrevolando. En cualquier caso, parece inevitable llegar a ellas cuando se examinan dichos temas.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;Para abordar la primera de estas dos preguntas, se podría hablar de los &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;Antípodas&lt;/i&gt; que Rorty (2001) recrea en &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;La Filosofía y el Espejo de la Naturaleza&lt;/i&gt;. Los antípodas son una comunidad extraterrestre semejante en casi todo a los humanos, excepto en que no utilizan —no tienen— ningún termino mental, no hacen ninguna referencia a lo mental, pero son seres que, &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;desde nuestra perspectiva&lt;/i&gt;, son sujetos de creencias, sienten dolores, tienen tristezas, algunos padecen de alucinaciones, tienen esperanzas y deseos, y así todas las actitudes psicológicas que podamos atribuirles observando lo que hacen y dicen. Nuestra diferencia frente a los antípodas es que ellos tienen un conocimiento tan avanzado de la neurofisiología que nunca han tenido que hablar de estados mentales, sino que hacen referencia al estado de sus neuronas, por ejemplo. Esta situación imaginada permite afirmar que todo evento, de nuestra tierra y de la de los antípodas, &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;puede&lt;/i&gt; ser irracional en el sentido arriba descrito: un evento tal que no se ha decidido sobre si su explicación se satisface en términos racionales o causales. Pude decirse, en esta dirección, que todo evento es susceptible de ser descrito y explicado en un vocabulario —cualquier vocabulario— que se las arregle bien para relacionarlo con otros eventos en un sentido satisfactorio para los hablantes. Pero, desde luego, &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;nosotros &lt;/i&gt;ya hemos decidido sobre muchos eventos y tenemos eventos que son racionales y otros a-racionales y es poco usual que haya duda sobre ello. Los antípodas no tienen la idea de ‘lo racional’, sino que tienen un discurso neurofisiológico suficientemente complejo que logra hacer lo que se espera de la psicología terrestre: dar cuenta de las relaciones causales que conectan lo que las personas hacen y dicen. Se puede pensar, entonces, que la psicología se soporta en la ignorancia de la neurofisiología. Pero Davidson argumenta que lo que realmente da soporte a la psicología es el hecho de que en nuestra vida la referencia a lo mental juega un papel central. Con Brinkmann, aunque de manera diferente, aboga por una psicología que realiza una labor más racional que empírica, aboga por &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;La&lt;/i&gt; &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;Psicología como Filosofía &lt;/i&gt;[título de un ensayo de 1974 recogido en &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;Filosofía de la psicología&lt;/i&gt; (Davidson, 1994)]. Afirma que si hemos de concebir al hombre como un animal racional, entonces tendremos que vivir con «la laxitud nomológica entre lo mental y lo físico» (Davidson, 1994: 51).&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-MX" style="mso-ansi-language: ES-MX;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-MX" style="mso-ansi-language: ES-MX;"&gt;Haría falta presentar mejor, y de manera crítica, los argumentos apenas asomados en todo lo anterior, pero hay que avanzar hacia la presentación de la Psicología Naturalista porque, aunque sea dando &lt;/span&gt;pasos demasiado grandes y torpes, no se puede perder de vista el objetivo principal especificado en el título de este escrito.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;La discusión arriba bosquejada ha mostrado cómo la psicología se encuentra en una situación algo difícil en el momento en que abraza las actitudes psicológicas como objeto de estudio y, al mismo tiempo, lucha por ser una &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;ciencia empírica&lt;/i&gt;, es decir, cuando asume como suya la tarea de explicar las relaciones causales de los acontecimientos psicológicos. Como lo señalan Davidson y Brinkmann, el proceder de la psicología debería ser distinto al de las ciencias físicas por la naturaleza del discurso que usa para hablar de los eventos de su campo de estudio. Pero se podría sospechar de esta sugerencia, porque ¿qué le queda a la psicología cuando la relación entre un supuesto pedazo de la &lt;span style="mso-spacerun: yes;"&gt; &lt;/span&gt;“realidad física”, el sujeto, y otro pedazo, el objeto, ya no es susceptible de ser estudiada empíricamente como sujeto y objeto que guardan una relación objetiva pero psicológica? Davidson dirá: hacer filosofía; y Brinkmann, por su parte: convertirse en una ciencia moral. Pero lo que esto significa, a la luz de las ideas atrás expuestas, es hacer un estudio de las condiciones socioculturales &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;actuales&lt;/i&gt; de un grupo particular, quizás enfatizando que se hace teniendo como eje de observación al individuo.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;Si entiendo bien, y esto es lo que queda después de evaluar la naturaleza del objeto de estudio de la psicología, ésta de nuevo quedará en una especie de limbo académico, como una disciplina huérfana que parece intentarlo con métodos de aquí, para abordar objetos de allá, pero ni aquí ni allá es bienvenida. Sin embargo, todos ‘sabemos’ que tenemos creencias, emociones y deseos, y que hay algún sentido en que la psicología se encarga de eso. Y si bien resulta problemático cuando se encarga como disciplina que quiere ser ciencia, cuando lo hace como una profesión parece que le viene bien y será por ello que se cree que la psicología es la medicina del alma. Pero ¿tienen objeto guardarle un lugar en la academia a una disciplina de tan particulares dolencias? Yo creería que no, cuando su labor más destacada —la de curar el alma— se vería opacada, como podría seguirse de las disertaciones de Brinkmann y Davidson y de muchos otros, por tecnologías conscientes de que la individualidad está invariablemente sometida a las regularidades externas que la arrastran. Pero creo que también su labor disciplinar correspondería naturalmente a otras disciplinas: la neurología dedicada al examen de las relaciones del sistema nervioso con su entorno circundante, la sociología como descripción de los procesos convencionales de los grupos humanos, la etnografía como descripción de las creencias, deseos y prácticas en general de comunidades concretas, etc.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;Se dirá que allí no se agota el conocimiento que se podría reclamar como propio de la psicolo­gía —en los procesos sociales y causales—, pues es la individualidad lo que no se recoge en aquellas disciplinas. Pero decir que la psicología estudia la individualidad es hablar más de la cuenta. Si el holismo defendido por Davidson es adecuado &lt;a href="file:///C:/Users/Bruja/Desktop/My%20Dropbox/Escritos/Hacia%20una%20psicolog%C3%ADa%20naturalista.docx#_ftn3" name="_ftnref3" style="mso-footnote-id: ftn3;" title=""&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style="mso-special-character: footnote;"&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Georgia&amp;quot;,&amp;quot;serif&amp;quot;; font-size: 10.5pt; line-height: 120%; mso-ansi-language: ES-CO; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-language: AR-SA; mso-bidi-theme-font: minor-bidi; mso-fareast-font-family: Calibri; mso-fareast-language: EN-US; mso-fareast-theme-font: minor-latin;"&gt;[3]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;, hacer una ciencia de la individualidad implica hacer una ciencia para cada individuo, pues lo que este holismo afirma es que así como el significado de cada palabra es una abstracción hecha a partir del papel que ésta juega en cada oración que aparece, o que cada oración significa en la medida en que hace parte de un lenguaje más o menos coherente, así mismo los acontecimientos mentales son mentales en tanto que hacen parte de un esquema global de creencias y deseos de un individuo (cf. Davidson, 1994: 79), por lo que determinar todas las conexiones de este esquema es conocer a un individuo concreto, y sólo a él, si es que se va a explorar toda su riqueza individual, todas sus sutilezas, o por otra parte, es un estudio propio de una ciencia de grupos&lt;a href="file:///C:/Users/Bruja/Desktop/My%20Dropbox/Escritos/Hacia%20una%20psicolog%C3%ADa%20naturalista.docx#_ftn4" name="_ftnref4" style="mso-footnote-id: ftn4;" title=""&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style="mso-special-character: footnote;"&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Georgia&amp;quot;,&amp;quot;serif&amp;quot;; font-size: 10.5pt; line-height: 120%; mso-ansi-language: ES-CO; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-language: AR-SA; mso-bidi-theme-font: minor-bidi; mso-fareast-font-family: Calibri; mso-fareast-language: EN-US; mso-fareast-theme-font: minor-latin;"&gt;[4]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; si lo que se busca es tomar los rasgos generales que comparten los individuos de un determinado sector.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;Como habíamos visto, la diferencia entre causas y razones se explicaba a través de la irreductibilidad nomológica de lo mental, la cual, a su vez, depende de que haya distintas maneras de hablar sobre los eventos y que éstas los relacionen de diferentes maneras. En este caso particular, la diferencia entre lo mental y lo causal es, como defiende Davidson en &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;Acontecimientos mentales &lt;/i&gt;(1994), que lo mental sólo puede ser comprendido de manera holista. Éste es el punto del que quisiera partir para defender una psicología naturalista.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;La idea, más o menos, es que si la diferencia entre causas y razones depende de la naturaleza holista de lo segundo, y que esto puede se puede generalizar a todo lo psicológico, entonces debemos explicar dicho holismo para tener más elementos de juicio sobre la psicología. Creo que una manera de lograr esta explicación es estilizar el modelo psicológico propuesto por Josep Roca i Balasch (1989, 1993, 2004a), el cual ofrece una concepción de la causalidad que no se limita a las relación de producción (&lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;a &lt;/i&gt;causa o produce &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;b&lt;/i&gt;) de contacto espacio-temporal, sino que habla de un modelo explicativo de campo. Este modelo está inspirado en las causas aristotélicas que son retomadas por Jacob Kantor, el padre del interconductismo, escuela psicológica a la que Roca se suscribe.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;La explicación del holismo se puede concretar apelando a las mencionadas causas aristotélicas pero en la versión presentada por Roca, que se inspira en ellas y en el uso que hace Kantor de las mismas, pero difiere en que subraya la calidad &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;relacional&lt;/i&gt; de los fenómenos. Para ello propone hacer explícito que lo que las ciencias estudian son &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;movimientos naturales&lt;/i&gt; no objetos con determinadas propiedades (psicológicas y físicas). En otras palabras, para empezar a cambiar el objeto de estudio de la psicología, Roca nos pide que abandonemos al sujeto como foco del fenómeno psicológico y que pongamos en su lugar &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;relaciones &lt;/i&gt;entre movimientos de la naturaleza, de los cuales el sujeto no es más que un producto secundario. Esto es aceptar que hay una única realidad que integra el total de la naturaleza y que todo lo que en ella se da es natural. Pero en lugar de concebir la realidad como un lugar de objetos y seres vivos que hacen y (algunos) dicen cosas, se debe concebir como una red compleja de movimientos o funcionalidades interrelacionadas, de las cuales dependen aquellas cosas y seres vivos. Funcionalidades que son, además, los movimientos subyacentes que ‘las animan’. No como el movimiento &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;de &lt;/i&gt;las cosas, sino como movimientos&lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt; de la Naturaleza&lt;/i&gt; en un sentido más abstracto: como sistemas funcionales de interdependencias que co-varían y estructuran la realidad como un todo integrado.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;Hay, por ejemplo, movimiento físico que consiste en relaciones energéticas, de intercambios conmutativos, que es el movimiento base de todas las cosas. En este movimiento, que incluye lo físico y lo químico, se producen relaciones complejas que devienen en lo que podríamos considerar un salto cualitativo de dichas relaciones, superando así lo puramente energético para supervenir en el orden de lo reactivo. De tal suerte, Energía y Reacción —o Materia y Vida—, respectivamente, son las dos primeras formas de movimiento (o funcionalidades) que animan la realidad, siendo la primera la base material de la segunda, &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;&lt;span lang="ES-MX" style="mso-ansi-language: ES-MX;"&gt;i.e.&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span lang="ES-MX" style="mso-ansi-language: ES-MX;"&gt;,&lt;/span&gt; aquel movimiento que posibilita su existencia. Un tercer movimiento es el psíquico que tiene, por su parte, base material en lo biológico —&lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;&lt;span lang="ES-MX" style="mso-ansi-language: ES-MX;"&gt;i.e.&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span lang="ES-MX" style="mso-ansi-language: ES-MX;"&gt;, &lt;/span&gt;las reacciones orgánicas que conforman la vida—, que se da como relaciones complejas entre la actividad fisiológica de los organismos y que se construye como asociaciones en virtud de la experiencia. Finalmente, Roca habla del movimiento social que se desprende de las relaciones complejas que se construyen entre las asociaciones. Así, materia, vida, psique y sociedad, son los 4 movimientos que animan la naturaleza.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;De esta manera se propone que la &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;causa formal&lt;/i&gt;, que define la diferencia cualitativa de lo psíquico, es la asociación y que su &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;causa material&lt;/i&gt; —&lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;&lt;span lang="ES-MX" style="mso-ansi-language: ES-MX;"&gt;i.e.&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span lang="ES-MX" style="mso-ansi-language: ES-MX;"&gt;, el&lt;/span&gt; movimiento que posibilita que se dé como nuevo orden cualitativo— es la reactividad biológica. Por otra parte, se reconoce una finalidad (&lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;causa final&lt;/i&gt;) que, en el caso del movimiento psíquico, es el ajuste asociativo a los demás movimientos naturales que determina los 3 únicos fenómenos psíquicos: la &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;percepción&lt;/i&gt; como ajuste asociativo al movimiento fisicoquímico, el &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;condicionamiento&lt;/i&gt; como ajuste asociativo a la organización biológica y el &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;entendimiento&lt;/i&gt; como ajuste asociativo a la convencionalidad. Puede ayudar a la comprensión de esta caricatura que estoy haciendo del modelo la idea de que hay dos criterios para pensar la naturaleza: el de la extensión, que es a través del cual pensamos normalmente la realidad —el de los objetos y organismos que hacen y dicen cosas—, y el de los movimientos o funcionalidades naturales: los 4 arriba mencionados. Sin duda, lo que se dice bajo uno u otro criterio no es independiente entre sí, porque son simplemente formas de pensar o hablar sobre la misma realidad. Entonces, decir que la base material de lo psíquico es la reactividad orgánica es decir que es un fenómeno que se concreta en cada organismo particular porque al ser la asociación una relación entre reacciones orgánicas, estas deben ser reacciones que se puedan relacionar y, bajo nuestra comprensión extensionalista, esto implica un contacto espacio-temporal. La cuestión es que el criterio del movimiento pretende dar cuenta de la estructura dinámica subyacente a lo natural, por eso no se concibe como la explicación de acontecimientos particulares sino como aquello con base en lo cual la naturaleza presenta orden. Este es un primer paso hacia la superación de los problemas entre causas y razones.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;Teníamos, entonces, que la irreductibilidad nomológica de lo mental se explica apelando a su naturaleza holista, que es el holismo de lo psíquico. Dicho holismo, para mí, se puede entender más fácil bajo el modelo del movimiento, pues (1: causa formal) dice que lo psíquico es simplemente asociación y, así, presenta una naturaleza homogénea de los fenómenos psicológicos; (2: causa material) reconoce como base material —como elementos de la relación asociativa— a la reactividad orgánica —&lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;&lt;span lang="ES-MX" style="mso-ansi-language: ES-MX;"&gt;i.e.&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span lang="ES-MX" style="mso-ansi-language: ES-MX;"&gt;, la actividad fisiológica del organismo—, lo que exorciza de la explicación los ‘contenidos’ o la intencionalidad, relegando, así, a los conceptos mentales tradicionales a un segundo plano; (3: causa final) especifica que la asociación se construye en la medida en que la actividad fisiológica está sometida a ciertos órdenes que determinan sus patrones de activación y sus consecuentes relaciones asociadas; y (4: causa eficiente) se conecta con la ‘extensionalidad’ resaltando que, en últimas, cada cambio concreto sufrido en la historia universal se da como una configuración concreta de las relaciones en un momento dado, es decir, a través de acontecimientos datados. En el caso de lo psíquico, esto último se refiere a la historia concreta de cada organismo que se da como una serie única de distintas ocurrencias de determinados patrones de activación fisiológica.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-MX" style="mso-ansi-language: ES-MX;"&gt;&lt;/span&gt;Teniendo esto presente puede empezarse con una caracterización de lo que es una psicología naturalista. Rápidamente: es una ciencia que estudia un movimiento natural, el psíquico, el cual se da como un movimiento integrado con los demás movimientos naturales que le dan objeto formal a las demás ciencias —lo material a la física y la química, lo vital a la biología y lo convencional a la sociología—. Pero lo importante es que es una ciencia desde la que se defiende esta integración de lo natural; que borra al sujeto de la psicología —con el cambio del criterio extensional al criterio del movimiento— (cf. Roca, 1993b) por considerarlo un tropiezo para reconocer la naturalidad del fenómeno psíquico y, sobre todo, un tropiezo para que se desarrolle una ciencia de él: esto es, un estudio causal. Es además naturalista porque algo podría decirse de los problemas ontológicos y epistemológicos tradicionales, complementando el pragmatismo de Davidson y de Rorty desde una concepción de lo psíquico que, a su vez, se alimenta de sus reflexiones acerca de la mente, el conocimiento y el lenguaje.&lt;/div&gt;&lt;div style="mso-element: footnote-list;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="mso-element: footnote-list;"&gt;Carlos Mario Cortés H.&lt;/div&gt;&lt;div style="mso-element: footnote-list;"&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-MX" style="font-variant: small-caps; mso-ansi-language: ES-MX;"&gt;Octubre de 2009&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="mso-element: footnote-list;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="mso-element: footnote-list;"&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;&lt;span lang="EN-US" style="font-size: 12.0pt; line-height: 120%; mso-ansi-language: EN-US; mso-bidi-font-size: 10.5pt;"&gt;Bibliografía&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin-left: 21.3pt; text-indent: -21.3pt;"&gt;&lt;span lang="EN-US" style="mso-ansi-language: EN-US; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;"&gt;Brinkmann, Svend (2006) ‘Mental life in the space of reasons’. &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;Journal for the theory of social behaviour&lt;/i&gt;, vol. 36, N° 1, pp. 1-16&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;"&gt;Davidson, Donald (1994) &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;Filosofía de la Psicología&lt;/i&gt;. Barcelona: Anthropos.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoListParagraph" style="line-height: 150%; mso-list: l0 level1 lfo1; text-indent: -18.0pt;"&gt;&lt;!--[if !supportLists]--&gt;&lt;span style="mso-bidi-font-family: Georgia; mso-fareast-font-family: Georgia;"&gt;&lt;span style="mso-list: Ignore;"&gt;———&lt;span style="font: 7.0pt &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;"&gt;      &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;(1995) &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;Ensayos sobre acciones y sucesos&lt;/i&gt;. Méjico: UNAM.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%;"&gt;&lt;span lang="ES-MX" style="mso-ansi-language: ES-MX;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%;"&gt;&lt;span lang="ES-MX" style="mso-ansi-language: ES-MX;"&gt;Roca, Josep (1989) &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;Formas elementales de comportamiento&lt;/i&gt;. Méjico: Trillas.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoListParagraphCxSpFirst" style="line-height: 150%; mso-list: l0 level1 lfo1; text-indent: -18.0pt;"&gt;&lt;!--[if !supportLists]--&gt;&lt;span lang="ES-MX" style="mso-ansi-language: ES-MX; mso-bidi-font-family: Georgia; mso-fareast-font-family: Georgia;"&gt;&lt;span style="mso-list: Ignore;"&gt;——&lt;span style="font: 7.0pt &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;"&gt;     — &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;(1993a) &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;Psicología, un enfoque naturalista.&lt;/i&gt; Méjico: Universidad de Guadalajara.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoListParagraphCxSpMiddle" style="line-height: 150%; mso-list: l0 level1 lfo1; text-indent: -18.0pt;"&gt;&lt;!--[if !supportLists]--&gt;&lt;span lang="ES-MX" style="mso-ansi-language: ES-MX; mso-bidi-font-family: Georgia; mso-fareast-font-family: Georgia;"&gt;&lt;span style="mso-list: Ignore;"&gt;——&lt;span style="font: 7.0pt &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;"&gt;      — &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;&lt;span lang="ES-MX" style="mso-ansi-language: ES-MX;"&gt;(1993b) ‘El papel de las instituciones cognoscitivas en la ciencia psicológica’. &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;Revista de psicología general y aplicada&lt;/i&gt;. 46, pp. 365-370.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoListParagraphCxSpLast" style="line-height: 150%; mso-list: l0 level1 lfo1; text-indent: -18.0pt;"&gt;&lt;!--[if !supportLists]--&gt;&lt;span lang="ES-MX" style="mso-ansi-language: ES-MX; mso-bidi-font-family: Georgia; mso-fareast-font-family: Georgia;"&gt;&lt;span style="mso-list: Ignore;"&gt;——&lt;span style="font: 7.0pt &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;"&gt;      — &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;&lt;span lang="ES-MX" style="mso-ansi-language: ES-MX;"&gt;(2004a) &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;Psicología, una introducción teórica&lt;/i&gt;. Disponible en línea: www.liceupsicologic.org&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%;"&gt;&lt;span lang="ES-MX" style="mso-ansi-language: ES-MX;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%;"&gt;&lt;span lang="ES-MX" style="mso-ansi-language: ES-MX;"&gt;Rorty, Richard (2001) &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;La Filosofía y el Espejo de la Naturaleza&lt;/i&gt;. &lt;/span&gt;&lt;span lang="EN-US" style="mso-ansi-language: EN-US;"&gt;Madrid: Ediciones Cátedra.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin-left: 21.3pt; text-indent: -21.3pt;"&gt;&lt;span lang="EN-US" style="mso-ansi-language: EN-US;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin-left: 21.3pt; text-indent: -21.3pt;"&gt;&lt;span lang="EN-US" style="mso-ansi-language: EN-US;"&gt;Szasz, Thomas (1994) &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;Cruel compassion: the psychiatric control of society’s unwanted.&lt;/i&gt; Syracysc: Syracuse University Press. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%;"&gt;&lt;span lang="EN-US" style="mso-ansi-language: EN-US;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%;"&gt;&lt;span lang="EN-US" style="mso-ansi-language: EN-US;"&gt;Wittgenstein, Ludwig (1953) &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;Philosophical Investigations&lt;/i&gt;. Oxford: Basil Blackwell.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%;"&gt;&lt;span lang="EN-US" style="mso-ansi-language: EN-US;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="mso-element: footnote-list;"&gt;&lt;!--[if !supportFootnotes]--&gt;   &lt;hr align="left" size="1" width="33%"&gt;&lt;!--[endif]--&gt;  &lt;div id="ftn1" style="mso-element: footnote;"&gt;&lt;div class="MsoFootnoteText"&gt;&lt;a href="file:///C:/Users/Bruja/Desktop/My%20Dropbox/Escritos/Hacia%20una%20psicolog%C3%ADa%20naturalista.docx#_ftnref1" name="_ftn1" style="mso-footnote-id: ftn1;" title=""&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style="font-size: 9.0pt; mso-bidi-font-size: 10.0pt;"&gt;&lt;span style="mso-special-character: footnote;"&gt;&lt;!--[if !supportFootnotes]--&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Georgia&amp;quot;,&amp;quot;serif&amp;quot;; font-size: 9.0pt; line-height: 120%; mso-ansi-language: ES-CO; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 10.0pt; mso-bidi-language: AR-SA; mso-bidi-theme-font: minor-bidi; mso-fareast-font-family: Calibri; mso-fareast-language: EN-US; mso-fareast-theme-font: minor-latin;"&gt;[1]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-size: 9.0pt; mso-bidi-font-size: 10.0pt;"&gt; Las traducciones del artículo de Brinkmann son mías&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-MX" style="font-size: 9.0pt; mso-ansi-language: ES-MX; mso-bidi-font-size: 10.0pt;"&gt;.&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-MX" style="mso-ansi-language: ES-MX;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div id="ftn2" style="mso-element: footnote;"&gt;&lt;div class="MsoFootnoteText"&gt;&lt;a href="file:///C:/Users/Bruja/Desktop/My%20Dropbox/Escritos/Hacia%20una%20psicolog%C3%ADa%20naturalista.docx#_ftnref2" name="_ftn2" style="mso-footnote-id: ftn2;" title=""&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style="font-size: 9.0pt; mso-bidi-font-size: 10.0pt;"&gt;&lt;span style="mso-special-character: footnote;"&gt;&lt;!--[if !supportFootnotes]--&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Georgia&amp;quot;,&amp;quot;serif&amp;quot;; font-size: 9.0pt; line-height: 120%; mso-ansi-language: ES-CO; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 10.0pt; mso-bidi-language: AR-SA; mso-bidi-theme-font: minor-bidi; mso-fareast-font-family: Calibri; mso-fareast-language: EN-US; mso-fareast-theme-font: minor-latin;"&gt;[2]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-size: 9.0pt; mso-bidi-font-size: 10.0pt;"&gt; La disertación de Brinkmann incluye una defensa de la idea de que la psicología, y las ciencias humanas en general, es de hecho una ciencia moral en la medida en que sus resultados contribuyen a la modificación del espacio normativo que hace las veces de su objeto de estudio, lo que le da a los investigadores de las ciencias humanas, de alguna manera, una responsabilidad moral. Pero creo que esto no es relevante para mi actual reflexión.&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-MX" style="mso-ansi-language: ES-MX;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div id="ftn3" style="mso-element: footnote;"&gt;&lt;div class="MsoFootnoteText"&gt;&lt;a href="file:///C:/Users/Bruja/Desktop/My%20Dropbox/Escritos/Hacia%20una%20psicolog%C3%ADa%20naturalista.docx#_ftnref3" name="_ftn3" style="mso-footnote-id: ftn3;" title=""&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style="font-size: 9.0pt; mso-bidi-font-size: 10.0pt;"&gt;&lt;span style="mso-special-character: footnote;"&gt;&lt;!--[if !supportFootnotes]--&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Georgia&amp;quot;,&amp;quot;serif&amp;quot;; font-size: 9.0pt; line-height: 120%; mso-ansi-language: ES-CO; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 10.0pt; mso-bidi-language: AR-SA; mso-bidi-theme-font: minor-bidi; mso-fareast-font-family: Calibri; mso-fareast-language: EN-US; mso-fareast-theme-font: minor-latin;"&gt;[3]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-size: 9.0pt; mso-bidi-font-size: 10.0pt;"&gt; En el libro atrás referido —&lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;Filosofía de la psicología &lt;/i&gt;(1994), contenido en &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;Ensayos sobre acciones y sucesos&lt;/i&gt; (1995)— Davidson muestra la aplicación del holismo a la psicología.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div id="ftn4" style="mso-element: footnote;"&gt;&lt;div class="MsoFootnoteText"&gt;&lt;a href="file:///C:/Users/Bruja/Desktop/My%20Dropbox/Escritos/Hacia%20una%20psicolog%C3%ADa%20naturalista.docx#_ftnref4" name="_ftn4" style="mso-footnote-id: ftn4;" title=""&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style="font-size: 9.0pt; mso-bidi-font-size: 10.0pt;"&gt;&lt;span style="mso-special-character: footnote;"&gt;&lt;!--[if !supportFootnotes]--&gt;&lt;span class="MsoFootnoteReference"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Georgia&amp;quot;,&amp;quot;serif&amp;quot;; font-size: 9.0pt; line-height: 120%; mso-ansi-language: ES-CO; mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-font-size: 10.0pt; mso-bidi-language: AR-SA; mso-bidi-theme-font: minor-bidi; mso-fareast-font-family: Calibri; mso-fareast-language: EN-US; mso-fareast-theme-font: minor-latin;"&gt;[4]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;!--[endif]--&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-size: 9.0pt; mso-bidi-font-size: 10.0pt;"&gt; &lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-MX" style="font-size: 9.0pt; mso-ansi-language: ES-MX; mso-bidi-font-size: 10.0pt;"&gt;Son muchos los matices que hay que tener en cuenta con respecto a esto. &lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-MX" style="mso-ansi-language: ES-MX;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4035601442093608707-4830325386869678459?l=psnaturalista.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://psnaturalista.blogspot.com/feeds/4830325386869678459/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://psnaturalista.blogspot.com/2010/07/hacia-una-psicologia-naturalista.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4035601442093608707/posts/default/4830325386869678459'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4035601442093608707/posts/default/4830325386869678459'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://psnaturalista.blogspot.com/2010/07/hacia-una-psicologia-naturalista.html' title='Hacia una Psicología Naturalista'/><author><name>Carlos Mario Cortés H.</name><uri>http://www.blogger.com/profile/12963637383503195568</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='http://3.bp.blogspot.com/_bKf7hBd5SBs/SaBzRkViaqI/AAAAAAAAADU/sJ6k3xZUotk/S220/Toles.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4035601442093608707.post-3170079992792336627</id><published>2008-11-06T21:41:00.005-05:00</published><updated>2011-09-24T21:20:32.143-05:00</updated><title type='text'>El Movimiento como principio metafísico</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;div style="text-align: right;"&gt;&lt;span style="color: #666666;"&gt;Ponencia presentada en el IV Coloquio Internacional de Psicología Interconductual. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color: #666666;"&gt;Lima, Perú: Universidad Federico Villarreal. Octubre de 2008&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;La necesidad de definir el objeto de estudio de la psicología, al considerar juiciosamente sus consecuencias, se manifiesta contundentemente. Ubicar conceptualmente de manera apropiada los fenómenos naturales, entre ellos lo psíquico, y, a su vez, establecer las interrelaciones entre ellos, comportará cambios fundamentales para disciplinas que van desde la psiquiatría hasta la política, pasando por la educación y la psicoterapia, entre otras.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sin duda, éste es un programa ambicioso pero loable. Y a mi juicio, el mejor esfuerzo ha sido la propuesta teórica de Josep Roca i Balasch por cuanto es un modelo que cobija todas las actuaciones científicas actuales, resaltando los aspectos que son necesarios para evitar reducciones o invasiones inapropiadas y desastrosas, al tiempo que subraya las necesarias interacciones disciplinares y profesionales. Asimismo, considero que nos proporciona un universo terminológico que puede resultar más seductor, para las diferentes tendencias en psicología, que los vestigios conductistas impregnados de biologicismo o mecanicismo en su dependencia del esquema interpretativo e→r, razón por la cual entre mis intereses está el tomar distancia respecto del conductismo, en la medida en que &lt;i&gt;sólo&lt;/i&gt; compartimos una necesidad naturalista: la necesidad de evitar los fantasmas inasibles.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Para llevar a cabo esta empresa: &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Primero, ubicamos, con Kantor, el comportamiento psíquico «en el mismo lugar y extensión que otros comportamientos». Reconocemos, así, que todas las ciencias versan sobre diferentes aspectos de —y esto es lo importante— una &lt;i&gt;única realidad&lt;/i&gt;.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Segundo, una vez comprometidos seriamente con el primer paso, abandonamos tal ubicación espacial de los fenómenos naturales para postular un modelo dinámico (o comportamental) de la naturaleza, lo que equivale, en palabras de Roca, a hacer metafísica: a preocuparse por los primeros principios, anteriores a toda actividad científica, y por el desarrollo de un sistema que se dé en conformidad con ellos según el cual podamos entender la unidad multifuncional de la naturaleza. Esto es: reconocer que cualquier hecho descrito en el lenguaje cotidiano, en términos extensionales, es susceptible de ser descompuesto en niveles funcionales (o comportamientos) a los cuales atiende cada ciencia según el criterio formal que le corresponda.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La principal dificultad está en esto: &lt;i&gt;superar cualquier clasificación extensional&lt;/i&gt; obviando, así, el que la realidad se nos presenta en la forma de objetos que hacen, dicen o padecen cosas, para formular con claridad un modelo que versa sobre dinámicas, y &lt;i&gt;sólo sobre ellas y sus interrelaciones&lt;/i&gt;. Por ello, Roca sostiene que, antes de entrar en la labor del científico empírico dedicado al examen y descripción de los cambios en aumento y disminución del fenómeno estudiado (postulado 4; 1997), se debe engendrar una conceptualización coherente del mismo (postulado 3). Una conceptualización tal que no permita las reducciones ni las invasiones a las que nos hemos visto, y nos vemos, sometidos los psicólogos. Y esto requiere —se puede decir con propiedad— hacer metafísica.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una metafísica en la cual se adopta la noción de creencia que C.S. Peirce introduce en el pragmatismo norteamericano, tomándola de Alexander Bain, no asume la actitud platónica trasnochada de un filósofo como «espectador del tiempo y de la eternidad», sino que se compromete con las consecuencias prácticas de suscribir como &lt;i&gt;fundamental&lt;/i&gt; tal o cual creencia. Una creencia, desde esta perspectiva, es una regla o un hábito de acción, y en cuanto tal, no comporta la institucionalización inmutable e inamovible de primeros principios “&lt;i&gt;dictados&lt;/i&gt;” por un Ser ahistórico como La Realidad. Así, partiendo del uso racional de la argumentación, atender a la propuesta metafísica de Roca es postular un nuevo candidato para el cargo de &lt;i&gt;principio de la naturaleza&lt;/i&gt;, en virtud de las consecuencias prácticas que de él se derivan —lo que encierra, incluso, toda actividad discursiva—. Pues, como lo ha señalado Dewey, «bajo el disfraz de estar tratando con la realidad última, la filosofía [metafísica] ha estado ocupándose de los valores insertos en las tradiciones sociales» (1920), y no seguiremos haciendo lo mismo con el mismo disfraz, sino que nos ocuparemos de insertar unos (nuevos) valores distintos buscando consolidar una tradición naturalista no reduccionista desde la psicología para la ciencia en general, con algunos aportes relevantes para la filosofía misma.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Esta labor metafísica empieza, pues, con aquel segundo paso (el rechazo de la ubicación espacial de los fenómenos) y se concreta en el postulado primero (Roca, 1997), a saber: &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;(1) La esencia de la naturaleza es el movimiento.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Es la idea a partir de la cual la ciencia debe definirse y, en términos conceptuales, es la única idea sobre la realidad que debe seguirse en el desarrollo teórico. Por ello, es el primer principio metafísico en la concepción dinámica de ésta, y está allí por cuanto permite formular una reinterpretación de la actividad científica actual, organizando todos sus contenidos en un modelo coherente con (1) (Roca, 2006), destacando tres actuaciones científicas generales: la explicación funcional, la descripción morfológica y la intervención tecnológica (Roca, 1998).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nótese que la propuesta teje simultáneamente la conceptualización de la naturaleza con la estructuración de la ciencia misma. Esto es importante porque el propósito, como lo indica el título del presente texto, es demarcar el lugar de la psicología entre las ciencias naturales. Y para ello, definir las ciencias en virtud de los principios de la naturaleza, es el camino más sensato. Por lo mismo, los postulados del manifiesto naturalista de Roca versan sobre el &lt;i&gt;movimiento&lt;/i&gt; y la &lt;i&gt;causalidad&lt;/i&gt;, los cuales definen el objeto de estudio de cada ciencia natural en un modelo funcional (modelo de campo) que asume las diferentes causas como &lt;i&gt;relaciones funcionales y de dependencia de unos comportamientos frente a otros&lt;/i&gt;, no como una relación de producción en perspectiva elementarista (&lt;i&gt;i.e.&lt;/i&gt;, &lt;i&gt;a&lt;/i&gt; causa o produce &lt;i&gt;b&lt;/i&gt;). &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Retomando (1), se sostiene que todo lo que debe existir para el ojo de la ciencia son movimientos naturales, no hechos ni objetos espaciales. Pues éstos son, como se dijo, la confluencia de aquellos, de los movimientos, en un momento específico de su devenir en el tiempo. Podría objetarse que no tenemos más que atender a los hechos, pues es la forma en que “comprendemos” la realidad. Sin duda. Pero que sean nuestro punto de observación no los hace necesariamente nuestro objeto de estudio, ya que la ciencia, en tanto discurso, es siempre abstracción, concretamente, abstracción de propiedades de clases de acontecimientos especificadas por leyes precisas de covariación. Estas leyes se deben expresar en términos que sean apropiados para los enunciados nomológicos; y la presentación de tales términos junto con las leyes correspondientes supone la &lt;i&gt;explicación&lt;/i&gt; “científica” del fenómeno. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Es claro que en el vocabulario de los hechos podemos expresar generalidades en la forma de enunciados legaliformes. Pero siguiendo a Davidson (1994), uno puede pensar que la relación entre los acontecimientos que llamamos psíquicos y el resto de cosas nos impide formular leyes que alcancen una precisión satisfactoriamente explicativa. Por ello, mantenerse allí, en el universo de la extensión, hace de la abstracción de propiedades una actividad más descriptiva, de clasificación de clases de acontecimientos, que de especificación de relaciones funcionales como formulación de un entramado causal complejo capaz de brindar una explicación en nombre de la ciencia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Así, ubicar dichas propiedades en cualquier modelo según el esquema de la extensión es una opción, pero no la única. De hecho, ese es el objetivo de nuestra metafísica: abandonar tal forma omnicomprensiva de la realidad para darle lugar al modelo comportamental de movimientos interdependientes, en virtud del cual podemos alcanzar el vocabulario apropiado para la formulación de leyes. La mención de esta idea es reiterativa pero importante; recuérdese que lo que se propone es hablar de movimientos naturales, sólo de ellos y de sus relaciones y dependencias mutuas. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por otra parte, también podría decirse que no es una idea que no haya sido ya adoptada en alguna medida. Si Ribes (1994) está en lo cierto, el conductismo skinneriano fue un paso hacia el abandono de las limitaciones que implican las descripciones morfológicas, un paso que nos acercó a la concepción funcional del fenómeno al que atiende la psicología. Otro tanto más habrá avanzado Kantor en este mismo proyecto. Sin embargo, Roca (1994) sostiene que las consecuencias del cambio de criterio —del espacial al comportamental— no se han explotado lo suficiente. La razón de ello es el que se mantenga el mismo criterio abandonado para la definición de los elementos de la relación psíquica, esto es, seguir hablando en términos de &lt;i&gt;organismo&lt;/i&gt; y de &lt;i&gt;entorno&lt;/i&gt;. El organismo, en cualquier caso, se identifica con una sustancia —y en cuanto tal, es &lt;i&gt;espacial&lt;/i&gt;— que hace y padece acciones, acciones que, aun cuando ejemplares de clases funcionales, son cambios espacio-temporales ubicados según su morfología, no tanto como base metodológica para las mediciones que hace el psicólogo, sino como base constitutiva de dicha relación. Lo mismo sucede con el entorno estimular como contraparte del organismo (al respecto, otro poco se dirá más adelante). &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ya en este punto, debemos avanzar un paso más hacia la definición de lo psíquico, buscando, así, especificar mejor lo propuesto en (1). Dice el postulado segundo del manifiesto naturalista (Roca, 1997):&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;(2) Hay movimiento en cualidad, cantidad y evolución. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;i&gt;Comportamiento&lt;/i&gt; no es una palabra de uso privativo de la psicología. Todas las ciencias estudian comportamientos (cualitativamente diferenciados), aun cuando se refieran a objetos como &lt;i&gt;partículas&lt;/i&gt;, &lt;i&gt;fluidos&lt;/i&gt;, &lt;i&gt;organismos&lt;/i&gt;, &lt;i&gt;palabras&lt;/i&gt;, etc., las ciencias atienden a aspectos dinámicos particulares de ellos, a propiedades específicas que, desde la propuesta de Roca, se entienden mejor y, lo que es más importante, sin confusión formal, como movimientos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Qué movimiento es, entonces, ese que le corresponde a la psicología? A todas luces, &lt;i&gt;el comportamiento psíquico&lt;/i&gt;, el cual se define por ser un movimiento asociativo, que significa relación construida en la ontogénesis, entre reacciones orgánicas. &lt;i&gt;La psicología estudia la forma en que la vida se reorganiza para adaptarse &lt;/i&gt;(cf. Roca, 2006, p. 121, ). Cualquier “fenómeno” considerado como psicológico, desde cualquier perspectiva teórica anterior, puede encontrar un lugar en este marco interpretativo de la realidad, pero detallado en términos comportamentales, lo que implica la revaluación de su papel dentro de la investigación psicológica y su acomodación clara frente a otras disciplinas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Decir que sólo estudiamos el comportamiento, como lo ha sostenido y lo sostiene el conductismo, nos deja sin objeto formal (Roca, 2007; p. 2), ya que, aunque se diga que es el comportamiento de los individuos, éste puede ser estudiado por cualquier otra ciencia en la medida en que todo hecho se puede descomponer en las distintas dinámicas que animan la naturaleza, y que son objeto de cada ciencia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nuestro objeto formal es, pues, el comportamiento psíquico, que se diferencia del comportamiento conmutativo que estudian la física y la química, del comportamiento reactivo que estudia la biología y del comportamiento convencional que estudia la sociología. Otra vez: no se habla del comportamiento de un “algo” —&lt;i&gt;e.g.&lt;/i&gt;, no es un cuerpo quien se comporta—, se habla de formas naturales de cambio &lt;i&gt;cualitativamente&lt;/i&gt; diferenciadas que fluyen en el devenir de la realidad que experimentamos. Por eso, aun cuando se asume aristotélicamente que la ciencia da cuenta de las causas, no se está reproduciendo el discurso del filósofo. &lt;i&gt;La perspectiva comportamental borra al sujeto de las ciencias&lt;/i&gt; (Roca, 1993), especialmente de la psicología. Los cuerpos en sentido espacial desaparecen, y por lo mismo, desaparecen el organismo y el entorno. El hilemorfismo aristotélico, como relación necesaria entre las causas formal y material, nos ubicaba en una concepción esencialista de propiedades intrínsecas a las sustancias, pero con el panrelacionismo antiesencialista, que se soporta especialmente en la noción de juegos del lenguaje, aquella posición se volvió insostenible (Cf. Rorty, 1997; cap 2).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El panrelacionismo que suscribe Richard Rorty es, a mi entender, el paso filosófico más sólido que se empareja con el modelo comportamental de Josep Roca. Desde allí, entendemos todo como relación; nada es “&lt;i&gt;en sí&lt;/i&gt;”, sino que es en relación con algo más. Esto es una forma de alejarse del pensamiento griego donde se encuentra «la cría y el nidal de los dualismos» —palabras de Dewey recordadas por Rorty—, los cuales están apuntalados en una reificación de la dualidad &lt;i&gt;sujeto&lt;/i&gt;-&lt;i&gt;predicado &lt;/i&gt;(Whitehead, 1929, ref. por Rorty, &lt;i&gt;Op. Cit.&lt;/i&gt;). Es de notar que la misma reificación peligrosa de los dualismos es señalada por Roca en &lt;i&gt;El papel de las instituciones cognoscitivas en la ciencia psicológica &lt;/i&gt;(1993), por cuanto es una idea que limita nuestro pensar a un principio extensional según el cual se tienen que ubicar las acciones y los padecimientos en un sujeto o en su contraparte estimular.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Para una psicología naturalizada el sujeto, o el organismo como realidad espacial, deben desaparecer. Es la descomposición del sujeto en el entramado multifuncional de los movimientos naturales que le corresponden a las ciencias como objetos formales de estudios, las cuales explican dichos movimientos especificando sus propiedades cualitativas diferenciales, postulando leyes acerca de los cambios cuantitativos y evolutivos, y también describiendo su evolución a través de las formas concretas que asumen estos movimientos en el transcurso del tiempo. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Teniendo esto presente, es lícito sostener que dicho entramado sólo se puede deshilvanar con el modelo de campo: la postulación de dependencias mutuas entre los comportamientos naturales. Para lograr esto se usa —&lt;i&gt;no&lt;/i&gt; se replica— el modelo causal que desarrolló Aristóteles —no se replica porque no estamos en el mundo de las sustancias sino en el de los comportamientos. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;«Causa —dice el sexto postulado— significa relación funcional». La primera que se considera (postulado 7) es la causa formal, la cual define y diferencia un comportamiento respecto de los otros, y se refiere al &lt;i&gt;tipo&lt;/i&gt; de relación característica de aquél. Lo psíquico es un movimiento característicamente &lt;i&gt;asociativo&lt;/i&gt;, y en cuanto tal, es, como se dijo, relación construida ontogenéticamente entre reacciones orgánicas. Éstas, las reacciones orgánicas, son la base material (postulado 8) de aquel movimiento, y a su vez, son también comportamiento &lt;i&gt;reactivo&lt;/i&gt; —otra dinámica natural que es estudiada por la biología y que se define como relación entre cambios energéticos o conmutativos—. Las respuestas y los estímulos son cambios energéticos, y la relación que hay entre ellos es una relación &lt;i&gt;reactiva&lt;/i&gt; (causa formal) que define la vida y posibilita (como causa material) la psique…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La ampliación de este discurso se encuentra en toda la obra del profesor Josep Roca, especialmente en &lt;i&gt;Psicología: una Introducción Teórica &lt;/i&gt;(2006). Mi propósito con lo expuesto hasta aquí es explicitar el universo conceptual donde se mueve el modelo teórico comportamental, y señalar las diferencias respecto del criterio de la extensión, además de referir algunas posturas filosóficas perfectamente compatibles con este modelo, que sirven de complemento y de justificación del mismo. El conocimiento, en tanto convención, y siendo consecuentes, es movimiento. Por ello, la ciencia y la filosofía son empresas vivas en constante actualización que demandan ajuste. Fosilizar un discurso por su antigüedad, aun cuando sea útil en alguna medida, es desconocer la naturaleza móvil que se pretende defender, con el peligro consecuente de incurrir en inconsistencias inapropiadas para la construcción de una ciencia psicológica que busca librarse de los abusos provenientes de otras ciencias o, más grave aún, de los psicólogos mismos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por otra parte, lo que este discurso comporta para la organización de las actividades científicas se encuentra en la misma obra referida en el párrafo anterior y en el artículo &lt;i&gt;Ciencias del Movimiento &lt;/i&gt;(Roca, 1998) publicado en el volumen 6 de &lt;i&gt;Acta Comportamentalia&lt;/i&gt;. Finalmente, considero de mayor relevancia revisar el texto &lt;i&gt;El Mito del Innatismo&lt;/i&gt; (2004), en el cual Roca presenta lo «intoxicante» de los discursos innatistas, biologicistas y mecanicistas que imperan en la concepción occidental de “lo humano”, los cuales limitan la actuación educativa y son puente permisivo para formas indignas y excluyentes de regular las relaciones entre los hombres. Si este modelo tiene éxito, las consecuencias deseadas que refería al principio de este texto se mostrarán naturalmente al abandonar la tradición extensional y todos los síntomas que comporta —presentados por Roca en &lt;i&gt;El Mito del Innatismo—,&lt;/i&gt; razón por la cual espero su discurso no quede aquí, sino que sea motor de futuras y rigurosas discusiones.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Carlos Mario Cortés H.&lt;br /&gt;Bogotá, Junio de 2008&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;i&gt;Bibliografía&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Davidson, Donald (1994) "Acontecimientos mentales", En &lt;i&gt;Filosofía de la Psicología&lt;/i&gt;. Barcelona: Antrophos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Dewey, John (1920) &lt;i&gt;Reconstrucción de la Filosofía&lt;/i&gt;. Barcelona: Planeta-Agostini (1985). &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ribes, Emilio (1994) "El Análisis de la Conducta Humana: la morfología como enemigo público número uno". En L. Hayes, E. Ribes y F. López (eds.) (1994) &lt;i&gt;Psicología Interconductual. Contribuciones en honor a J.R. Kantor.&lt;/i&gt; México: Universidad de Guadalajara; pp. 143-157.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Roca, Josep (1993) "El Papel de las Instituciones Cognoscitivas en la Ciencia Psicológica". &lt;i&gt;Revista de psicología general y aplicada&lt;/i&gt;. N°. 46 (4), pp. 365-370.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Roca, Josep (1994) "Problemas filosóficos de la psicología interconductual". En L. Hayes, E. Ribes y F. López (eds.) (1994) &lt;i&gt;Psicología Interconductual. Contribuciones en honor a J.R. Kantor&lt;/i&gt;. México: Universidad de Guadalajara; pp. 69-90. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Roca, Josep (1997) "Movimientos y Causas: Manifiesto para una Psicología Natural". &lt;i&gt;Acta Comportamentalia&lt;/i&gt;, Vol. 5, N° 1; pp 5-16.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Roca, Josep (1998) "Ciencias del Movimiento". &lt;i&gt;Acta Comportamentalia&lt;/i&gt;, Vol. 6 Monográfico; pp. 45-58.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Roca, Josep (2004) &lt;i&gt;El Mito del Innatismo&lt;/i&gt;. En línea: www.liceupsicologic.org&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Roca, Josep (2006) &lt;i&gt;Psicología: Una Introducción Teórica&lt;/i&gt;. Girona: Documenta Universitaria.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Roca, Josep (2007) "Enseñanza de la psicología: la propuesta del Liceo Psicológico". &lt;i&gt;Revista de Enseñanza de la Psicología: Teoría y Experiencia&lt;/i&gt;, Nº. 3. Universidad de Girona. En Línea: http://psicologia.udg.es/Revista/&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Rorty, Richard (1997) &lt;i&gt;¿Esperanza o Conocimiento? Una introducción al pragmatismo&lt;/i&gt;. Buenos Aires: FCE.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Whithead, Alferd (1929) &lt;i&gt;Proceso y Realidad&lt;/i&gt;. Buenos Aires: Losada (1956).&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4035601442093608707-3170079992792336627?l=psnaturalista.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://psnaturalista.blogspot.com/feeds/3170079992792336627/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://psnaturalista.blogspot.com/2008/11/el-movimiento-como-principio-metafsico.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4035601442093608707/posts/default/3170079992792336627'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4035601442093608707/posts/default/3170079992792336627'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://psnaturalista.blogspot.com/2008/11/el-movimiento-como-principio-metafsico.html' title='El Movimiento como principio metafísico'/><author><name>Carlos Mario Cortés H.</name><uri>http://www.blogger.com/profile/12963637383503195568</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='http://3.bp.blogspot.com/_bKf7hBd5SBs/SaBzRkViaqI/AAAAAAAAADU/sJ6k3xZUotk/S220/Toles.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4035601442093608707.post-5702888887947943551</id><published>2008-10-07T14:34:00.005-05:00</published><updated>2008-10-23T08:19:02.306-05:00</updated><title type='text'>Seminario: Filosofía Naturalista (Introducción)</title><content type='html'>&lt;div align="center"&gt;Página del seminario:&lt;br /&gt;&lt;a href="http://filnaturalista.blogspot.com/"&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;filnaturalista.blogspot.com&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;En el mundo académico actual, un seminario es una institución docente que suena a libertad. Es un encuentro de estudio e investigación en el que el contenido no está tan preformado como en un curso, y admite la posibilidad de que surjan distintos discursos y se contrasten entre ellos. Los participantes, por su parte, no acostumbran a estar seleccionados con criterios tan rígidos como los cursos destinados a obtener títulos; es más, se confía en que su posible espontaneidad, y hasta su ingenuidad, puedan aportar mucho al estudio e investigación del tema sobre el que se quiere tratar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En Junio de este año 2008, estuve en Atenas. Me sorprendió la cultura de la guía que se adjudicó a mi autocar. Entré en la historia de Grecia como nunca lo había hecho antes. Todo lo que había leído sobre Grecia, de pronto, aparecía como completamente real y próximo. Entre muchas informaciones, comentó: el ágora era un lugar donde los filósofos hablaban y discutían con todos los ciudadanos interesados, sin exigencia de matrículas o de títulos. Lo dijo, más o menos, así. Yo pensé que el seminario de filosofía naturalista que quería impulsar, debería ser como un ágora ateniense. Internet nos brinda, actualmente, la posibilidad de abrir diálogos de participación libre y global. O sea, seminarios que actúen a modo de encuentros de filosofía, abiertos como nunca y que sirvan al interés noble del saber de los ciudadanos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En el seminario que organizamos aquí, queremos plantear temas filosóficos a partir de inquietudes que han surgido de una praxis y de una reflexión teórica hecha desde la psicología. Al ser temas de filosofía los que queremos tratar, está claro que admiten otras perspectivas, de hecho es lo que también esperamos: que otros científicos y profesionales entren en el diálogo de temas que todos consideramos interesantes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Josep Roca i Balasch.&lt;br /&gt;29 de Septiembre de 2008&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4035601442093608707-5702888887947943551?l=psnaturalista.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://psnaturalista.blogspot.com/feeds/5702888887947943551/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://psnaturalista.blogspot.com/2008/10/seminario-filosofa-naturalista.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4035601442093608707/posts/default/5702888887947943551'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4035601442093608707/posts/default/5702888887947943551'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://psnaturalista.blogspot.com/2008/10/seminario-filosofa-naturalista.html' title='Seminario: Filosofía Naturalista (Introducción)'/><author><name>Carlos Mario Cortés H.</name><uri>http://www.blogger.com/profile/12963637383503195568</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='http://3.bp.blogspot.com/_bKf7hBd5SBs/SaBzRkViaqI/AAAAAAAAADU/sJ6k3xZUotk/S220/Toles.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4035601442093608707.post-5253520683230976907</id><published>2008-06-25T17:19:00.011-05:00</published><updated>2011-09-24T21:21:09.036-05:00</updated><title type='text'>Correspondencia: sobre la sincronía/diacronía</title><content type='html'>&lt;div style="TEXT-ALIGN: right"&gt;&lt;i style="color:#999"&gt;Julio de 2008&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="COLOR: rgb(153,153,153)"&gt;Por sugerencia del profesor Josep Roca, publico esta discusión que sostuvimos, junto con los comentarios que el profesor Ricardo Pérez hizo de la misma. Debo mencionar que estos últimos sólo fueron conocidos por Roca hasta que le mostré el borrador de la presente entrada.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Enlaces a cada comentario:&lt;br /&gt;&lt;a href="http://www.blogger.com/post-edit.g?blogID=4035601442093608707&amp;amp;postID=5253520683230976907#1"&gt;1 JR&lt;/a&gt;; &lt;a href="http://www.blogger.com/post-edit.g?blogID=4035601442093608707&amp;amp;postID=5253520683230976907#2"&gt;2 CM&lt;/a&gt;; &lt;a href="http://www.blogger.com/post-edit.g?blogID=4035601442093608707&amp;amp;postID=5253520683230976907#3"&gt;3 JR&lt;/a&gt;; &lt;a href="http://www.blogger.com/post-edit.g?blogID=4035601442093608707&amp;amp;postID=5253520683230976907#4"&gt;4 CM&lt;/a&gt;; &lt;a href="http://www.blogger.com/post-edit.g?blogID=4035601442093608707&amp;amp;postID=5253520683230976907#5"&gt;5 RP&lt;/a&gt;; &lt;a href="http://www.blogger.com/post-edit.g?blogID=4035601442093608707&amp;amp;postID=5253520683230976907#6"&gt;6 JR&lt;/a&gt;; &lt;a href="http://www.blogger.com/post-edit.g?blogID=4035601442093608707&amp;amp;postID=5253520683230976907#7"&gt;7 RP&lt;/a&gt;; &lt;a href="http://www.blogger.com/post-edit.g?blogID=4035601442093608707&amp;amp;postID=5253520683230976907#8"&gt;8 CM&lt;/a&gt;; &lt;a href="http://www.blogger.com/post-edit.g?blogID=4035601442093608707&amp;amp;postID=5253520683230976907#9"&gt;9 JR&lt;/a&gt;; &lt;a href="http://www.blogger.com/post-edit.g?blogID=4035601442093608707&amp;amp;postID=5253520683230976907#10"&gt;10 RP&lt;/a&gt;.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;a name="1"&gt;&lt;/a&gt;&lt;b&gt;1 Josep Roca:&lt;/b&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En cuanto al tema de que se debate en el blog de psicología naturalista [&lt;a href="http://psnaturalista.blogspot.com/2008/02/lo-psicolgico-sincrnico-o-diacrnico.html"&gt;Lo psicológico, ¿sincrónico o diacrónico?&lt;/a&gt;], he leído el primer texto firmado por ti y te hago los siguientes comentarios.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Los conceptos de diacrónico y sincrónico son conceptos que tienen sentido en la psicología diferencial cuando se plantea describir el comportamiento a través del tiempo (&lt;i&gt;diacronos&lt;/i&gt;)&lt;i&gt; &lt;/i&gt;o comparando simultáneamente (&lt;i&gt;sincronos&lt;/i&gt;) los individuos con otros criterios (sexo, clase social, etc). En un sentido más estricto, se habla de diseño diacrónico cuando se describe la evolución de una única promoción de sujetos a los que se sigue durante días, semanas, meses o años y de diseño sincrónico cuando se describe la misma evolución pero comparando distintas promociones pero al mismo tiempo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- En términos funcionales, y en mi desarrollo del modelo teórico de campo, este dilema no tiene mucho sentido. Quizás, y tal como creo que planteas tú en tu escrito, la cuestión esté en la distinción entre causa formal y causa eficiente. La causa formal suena a sincrónico porqué se centra en la definición cualitativa de la funcionalidad asociativa, mientras que la causa eficiente suena a diacrónico porque se centra en aquello que explica como surgen las asociaciones concretas que explican la evolución y la diferenciación individual. Pero las posibles “simpatías” conceptuales con aquellos términos, no creo que deban de plantear un dilema funcional. Sería como plantearse si la reacción orgánica es diacrónica o sincrónica...&lt;br /&gt;&lt;b&gt;&lt;/b&gt;&lt;br /&gt;&lt;b&gt;&lt;/b&gt;&lt;br /&gt;&lt;b&gt;2 Carlos Mario Cortés:&lt;/b&gt;&lt;a name="2"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sobre el comentario, le expongo el razonamiento que yo estaba siguiendo:&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;blockquote style="TEXT-ALIGN: justify"&gt;Comportamiento es cambio.&lt;br /&gt;Hablamos de cambio sólo en virtud de dos o más momentos &lt;i&gt;t&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;'Sincrónico' se predica de la descripción de &lt;i&gt;x &lt;/i&gt;en un único momento &lt;i&gt;t&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;'Diacrónico' se predica de la descripción de &lt;i&gt;x&lt;/i&gt; en dos o más momentos &lt;i&gt;t&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;Luego, 'sincrónico' no se predica de la descripción del comportamiento; 'diacrónico' sí.&lt;br /&gt;&lt;/blockquote&gt;&lt;div style="TEXT-ALIGN: justify"&gt;Comprendo que éstos sean conceptos propios de la ciencia morfológica y, por lo tanto, no tengan un lugar dentro de la definición funcional de la naturaleza. Lo que considero importante, y la razón por la que los utilicé, fue para contrastar lo funcional en Ribes y 'la funcionalidad' en su modelo. Dice Ribes: «La función estímulo-respuesta constituye la organización sincrónica de acontecimientos físico-químicos y biológicos de carácter diacrónico». Entiendo que esta función es el equivalente a una concreción psíquica y es 'lo propiamente Psicológico' en Ribes y que para Ud. lo psicológico es el proceso de construcción de la asociación, es decir, el cambio, y por lo tanto, es un fenómeno que podríamos llamar diacrónico. Pero no es relevante hacerlo con este concepto.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;span id="fullpost"&gt;&lt;br /&gt;&lt;a name="3"&gt;&lt;/a&gt;&lt;b&gt;3 Josep Roca:&lt;/b&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sobre el tema de la sincronía, fíjate que partes de un uso de esta palabra que debe ser interpretada... toda la frase de Ribes debe ser interpretada, o no. Porque, de hecho, se trata de una frase incoherente, desde mi punto de vista.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los criterios para hablar de funcionalidad, de comportamiento o, incluso, de movimiento no pueden reducirse a cambios de posición en el tiempo; eso sería sólo desplazamiento. Aquellos conceptos son, ya en Aristóteles, más amplios y pueden significar cambio o animación en cualidad, cantidad y evolución; aparte de cambio de posición en el tiempo. Las funciones conmutativas de la física, las reacciones de la biología, las asociaciones psicológicas y las convenciones sociales son cambio —dinámica o animación— en un orden distinto al de desplazamiento; los factores de campo en cada nivel funcional también son cambio pero en el orden cuantitativo. Entonces, no tiene sentido meter el concepto de “sincrónico” en la definición de lo psicológico ni en la de las otras funcionalidades.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a name="4"&gt;&lt;/a&gt;&lt;b&gt;4 Carlos Mario Cortés:&lt;/b&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Entiendo que los conceptos de sincronía y diacronía tengan más sentido en las ciencias morfológicas, principalmente en la lingüística, en tanto se han referido a la descripción de las formas concretas, presentes o históricas, del comportamiento. Pero considero que, dado que son descriptores de relaciones temporales, son útiles para la conceptualización del comportamiento psíquico, pues el tiempo es un parámetro &lt;i&gt;fundamental&lt;/i&gt; en la definición de éste.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Fundamental porque:&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;blockquote style="TEXT-ALIGN: justify"&gt;a) de la consistencia de ocurrencias reactivas se deriva el concepto mismo de asociación, y entiendo que se refiere a presentaciones consistentes a través del tiempo;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;b) los valores cuantitativos de la asociación dependen de factores referidos a relaciones temporales (cuando no se refieren a relaciones morfológicas);&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;c) la evolución no es otra cosa que la sucesión temporal de formas concretas que toma cada comportamiento; y&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;d) la clasificación comportamental cualitativamente diferenciada, como se nos presenta, tiene sentido sólo en la medida en que hubo una evolución concreta de cada comportamiento que le permitió ser base material de otro. Por lo tanto, la evolución —necesariamente, el tiempo— justifica dicha clasificación.&lt;/blockquote&gt;&lt;div style="TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;br /&gt;Siendo (a), (b) y (c) el movimiento en cualidad, cantidad y evolución, respectivamente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lo que entiendo de su comentario anterior es que no podemos considerar una diferencia cualitativa, que sería una diferencia formal, como referida a un cambio dado en el tiempo. Así como tampoco el cambio cuantitativo, que describe no sólo relaciones históricas, sino que también estructurales y situacionales. Es como si habláramos de cambio cuando podemos dar cuenta de diferencias conceptuales —un nivel de abstracción donde el tiempo no juega un papel importante—. Pero esto lo entiendo sólo en cuanto al modelo como estructurado a partir de relaciones conceptuales, según las cuales el tiempo se considera sólo para el tipo de cambio referido en la evolución y a los factores históricos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sin embargo, estoy pensando en lo que afirma en la pág. 52 de la introducción teórica: el esquema e→r es insuficiente para explicar la anticipación de la respuesta en el condicionamiento temporal dado que, cualitativamente hablando, «se hace necesaria la atención a la historia ontogenética de la relación entre los elementos del nuevo orden». Según lo cual considero que el comportamiento psíquico —cualitativamente hablando— se refiere a una relación funcional, sí, pero diacrónica; es decir, dada a través del tiempo —además de lo que afirmo arriba en (a).&lt;br /&gt;Pero también se me ocurre que no tiene sentido predicar la diacronía de una capacidad o disposición, si es que, complementariamente, debemos entender así al comportamiento.&lt;br /&gt;Creo que si me equivoco en lo que expongo es porque no tengo claros los conceptos de funcionalidad, consistencia y de asociación. Los cuales, en términos psicológicos, los entiendo así:&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;blockquote style="TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;i&gt;Funcionalidad&lt;/i&gt;: proceso natural que consiste en el establecimiento (realización) de relaciones asociativas en virtud de la historia interactiva del comportamiento reactivo con las formas concretas vitales, materiales y convencionales.&lt;br /&gt;&lt;i&gt;&lt;br /&gt;Consistencia&lt;/i&gt;: presentación conjunta de reacciones orgánicas a través del tiempo.&lt;br /&gt;&lt;i&gt;&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;i&gt;Asociación&lt;/i&gt;: relación establecida entre reacciones orgánicas consistentes, en virtud de la cual, sea lo que sea que suscite a una de ellas, la otra se seguirá presentando consistentemente.&lt;/blockquote&gt;&lt;div style="TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;a name="5"&gt;&lt;/a&gt;&lt;b&gt;5 Ricardo Pérez:&lt;/b&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Señalas que el tiempo es un parámetro fundamental en la definición del comportamiento. Yo pensaría que el tiempo y el espacio son las coordenadas fundamentales en las que tiene lugar la actividad, pero el comportamiento es una abstracción de las actividades, y como tal, es una conceptualización de una relación que sólo existe sincrónicamente, en tiempo presente, como campo de relaciones. Roca (pág. 38) se suscribe a un modelo de campo, y al hacerlo, necesariamente, está aceptando que el comportamiento psicológico es un campo de relaciones que sólo existen sincrónicamente como funcionalidad. Es decir, la funcionalidad no existe sin sistema de relaciones sino que es idéntica a éste. Otra cosa, es que puedas mirar "más fino" en el establecimiento de tal sistema de relaciones y te involucres en una mirada diacrónica, en tiempo y espacio, de la forma como se dio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Según infiero de lo que te escribió Roca, que no conozco, compartiría con él que la diferencia cualitativa no puede entenderse como un cambio dado en el tiempo, pues la diferencia cualitativa es una diferencia en el sistema de relaciones considerado en un corte transversal y arbitrario en el tiempo, y por tanto, sólo concebible conceptualmente. Es a eso a lo que yo llamaría la naturaleza sincrónica de la definición funcional. Sin embargo, acepto que tal definición sincrónica exige un nivel de molaridad diferente, a la que tienes cuando observas en un corte en el tiempo, una reacción particular. Ambas pueden ser sincrónicas, pero en el caso de la definición funcional, necesariamente molar en cuanto sistema de relaciones.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En el anterior orden de ideas, el comportamiento no podría entenderse como relación funcional diacrónica, aunque sí incluye relaciones diacrónicas, que sin embargo, no serían definitorias por sí mismas de nada. El asunto que anotas de la disposición, tiene que ver con esto. En un corte dado del tiempo puedes decir que algo tiene la disposición a algo o que es X, pero esto es una abstracción, que incluye para su definición necesariamente una colección de instancias definidas espacio temporalmente, que sin embargo, ninguna de ellas en sí mismas define la disposición.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tendría mis reparos en definir funcionalidad como proceso; si lo entiendes así se aclara por qué lo concibes como diacronía. Que X tenga la funcionalidad Y significa que hace parte de un conjunto de relaciones que es sólo concebible en un momento determinado y abstractamente. No sé si la consistencia sea una presentación; quizás la vea como un atributo de la forma en que se establecen relaciones.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a name="6"&gt;&lt;/a&gt;&lt;b&gt;6 Josep Roca:&lt;/b&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Efectivamente, el único tema que yo discutía, en mi breve comentario, es que los conceptos de diacrónico y sincrónico debieran formar parte de la definición de lo psíquico. La asociación, como concepto definitorio de la funcionalidad psíquica, no es ni sincrónica ni diacrónica, es asociación: relación entre reacciones orgánicas. Lo mismo se puede decir de la reacción orgánica, de la conmutación físico-química o de la convención social. La definición de cada nivel funcional se hace sobre la cualidad organizativa de lo natural. Y luego, secundariamente, el tiempo y otros parámetros físicos sirven al desarrollo de la taxonomía de cada nivel.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El resumen que haces [Carlos Mario] de los argumentos a favor de tener en cuenta el parámetro tiempo son claros y sirven para mostrar la riqueza de la funcionalidad psíquica en la existencia temporal de los organismos y en relación a los cambios también temporales que ocurren durante esta existencia. Fíjate, sin embargo, que —hablando de lo psíquico— el parámetro &lt;i&gt;espacio&lt;/i&gt; no surge con la misma contundencia que el de &lt;i&gt;tiempo&lt;/i&gt; y además queda incluido en el parámetro &lt;i&gt;modal&lt;/i&gt;, que incluye el espacio y cualquier otra característica físico-química y sensorial de cada especie.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sin embargo tanto el concepto funcional general de asociación, como los más concretos de condicionamiento, percepción y entendimiento, no requieren —como tales— especificar los parámetros como se desdoblan... y el parámetro modal, se podría decir, que como mínimo es tan relevante como el temporal. Fíjate, además, que los factores de campo estructurales se podría decir que son sincrónicos, pero de hecho indican la relevancia de los aspectos modales de la estructura asociativa; los factores históricos se podría decir que son diacrónicos pero lo relevante es el cambio modal que ocurre a lo largo de las repeticiones asociativas... y luego están los factores situacionales que no sabría decir si son sincrónicos o diacrónicos, pero son factores coherentemente establecidos. De hecho, ahí se ve con claridad que aquella distinción no es tampoco definitoria del cambio cuantitativo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Esta es la valoración ponderada que yo hago de lo que pueden significar los términos sincronía y diacronía en la definición de lo psíquico. Podría seguir con la parte evolutiva pero los argumentos no diferirían de los dados para las dimensiones cualitativa y cuantitativa de lo psíquico.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a name="7"&gt;&lt;/a&gt;&lt;b&gt;7 Ricardo Pérez:&lt;/b&gt;&lt;br /&gt;&lt;b&gt;&lt;/b&gt;&lt;br /&gt;Según veo, podría estar de acuerdo con Roca en un aspecto pero parcialmente en desacuerdo en otro. Estoy de acuerdo en que el parámetro tiempo y el parámetro modal son secundarios en la definición funcional de la asociación como organización. Creo que así es como él ha tomado el asunto y pues así, él tiene toda la razón. Sin embargo, cuando dice la asociación es asociación: relación entre reacciones orgánicas, uno puede preguntarse legítimamente si la definición de tal relación se hace en un corte sincrónico de tiempo o corresponde a un proceso diacrónico. No tiene que ver con el tiempo como parámetro sino como coordenada del análisis que hace el científico. Por eso he vinculado la sincronía que implica la organización cualitativa para poder hablar de ella y por tanto, la abstracción que se hace de tal organización. Creo que si revisas un artículo de Ribes de 1997, que se llama creo &lt;i&gt;causality&lt;/i&gt;&lt;i&gt; and contingency,&lt;/i&gt; publicado en el &lt;i&gt;Pyschological&lt;/i&gt;&lt;i&gt; Record&lt;/i&gt;, te podría dar una idea más precisa de lo que ha motivado mi inquietud.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a name="8"&gt;&lt;/a&gt;&lt;b&gt;8 Carlos Mario Cortés:&lt;/b&gt;&lt;br /&gt;&lt;b&gt;&lt;/b&gt;&lt;br /&gt;Mi insistencia con lo de la diacronía o sincronía del fenómeno se basaba en saber si debemos entender lo psíquico, o bien como un &lt;i&gt;proceso&lt;/i&gt;, o bien como el &lt;i&gt;resultado &lt;/i&gt;de un proceso que, para el caso, es ontogenético.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En tanto &lt;b&gt;proceso&lt;/b&gt;, es una sucesión de pasos que, necesariamente, es diacrónica. Es decir, si lo psicológico se &lt;i&gt;identifica &lt;/i&gt;con un proceso ontogenético, éste es, por definición, diacrónico. Como habrá visto, esta era la interpretación por la que me inclinaba, tal vez, por la simpatía que siento por el fisicalismo el cual, a mi modo de ver, aplica plenamente para su teoría. Pero esta simpatía puede llevarme al error de pensar según algunos vestigios extensionales (espero erradicarlos pronto sin abandonar el fisicalismo). Más adelante le diré cómo iba, más o menos, mi interpretación para este caso.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La otra opción —el &lt;b&gt;resultado &lt;/b&gt;del proceso— la pensaba como sincrónica en tanto era una relación (presentación conjunta consistente) entre reacciones (e.g., oír campana y salivar) dada como un acontecimiento particular ubicado espacio-temporalmente, pero que se dicen "asociadas", las reacciones, en la medida en que su presentación conjunta no obedece a propiedades reactivas. La &lt;i&gt;funcionalidad&lt;/i&gt; en este caso es 'una propiedad' de las características señaladas por Rorty: una «clase de propiedad cuya atribución depende de un conocimiento del contexto y no como algo que sea observable de forma inmediata» (1979; p. 39 trad. española, 2001). Es decir, las reacciones presentes en tal ubicación espacio-temporal son una funcionalidad psíquica en la medida en que, para entenderlas como tal, es necesario verlas en el contexto de la ontogénesis particular (el proceso) que concreta la asociación (el resultado). Según entiendo, éste es el criterio en que se basa Ribes para predicar lo psicológico. Asimismo, es esta perspectiva tendente a la ubicación extensional de los resultados del proceso el sesgo fisicalista que me atribuyo (aunque, desde luego, no es una consecuencia necesaria del mismo).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ahora veo que predicar sincronía para esta segunda opción —la del resultado— no tiene sentido, por cuanto es una&lt;i&gt; abstracción teórica&lt;/i&gt; de una relación asociativa (e.g., constancia perceptiva), la cual no depende de las morfología concretas con las que se identifica una ejemplar de la función y, por lo tanto, no es susceptible de ser ubicada en el tiempo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando en la &lt;i&gt;introducción teórica &lt;/i&gt;Ud. se refiere al concepto de asociación «como descriptor de &lt;i&gt;construcción&lt;/i&gt; de relaciones ontogenéticas entre reacciones vitales» (p. 218), no puedo hacer otra cosa que pensarlo como un proceso y, en cuanto tal, diacrónico. Ya que si optara por la opción del 'resultado' debería referirse a dicho concepto como 'descriptor de relaciones &lt;i&gt;construidas&lt;/i&gt; ontogenéticamente entre reacciones vitales'. No obstante, hay otros pasajes del texto que pueden favorecer esta segunda versión: «la 'constancia perceptiva de peso' &lt;i&gt;es &lt;/i&gt;una conducta psicológica que &lt;i&gt;se da&lt;/i&gt; &lt;i&gt;por causa de&lt;/i&gt; la adaptación a la gravedad y demás aspectos físicos...» (p. 121). Acá, por 'conducta psicológica' entiendo relación funcional asociativa entre reacciones, que no es reactiva, y que se puede corresponder con un acontecimiento espacio-temporal particular (un ejemplar de la función) y, en cuanto tal, es el resultado de la adaptación («se da por causa de») como proceso ontogenético.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Yo creo que lo interesante y realmente provechoso es postular leyes psicológicas sobre el proceso —y creo que ese es el propósito de los factores de campo que Ud. propone— en lugar de postular funciones abstractas para reconocer como psíquicos determinados acontecimientos espacio-temporales. Es ésta la razón que me inclina a optar por la primera opción, la del proceso, y no por la del resultado. Ahora bien, me confunde el que se niegue a reconocer un proceso como diacrónico, por lo que considero que la interpretación que suscribo no debe ser la correcta. Pero a lo largo del texto citado creo haber encontrado varias afirmaciones que soportarían una u otra interpretación. Entonces, si lo arriba dicho es correcto, estoy señalando descuidos en su obra, procurando el mayor respeto, dada mi admiración por la misma. Si no es así, lamento no haber sido suficientemente aplicado como para notar ya a estas alturas mi error.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a name="9"&gt;&lt;/a&gt;&lt;b&gt;9 Josep Roca:&lt;/b&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Centrándome en tus nuevas consideraciones, creo relevante notar que la preocupación por si lo psicológico es sincrónico o diacrónico no es mía sino que proviene de otros autores y que, como te decía, su hablar debe ser interpretado y, en su caso, discutido y eventualmente rechazado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los conceptos de diacrónico y sincrónico son conceptos descriptivos que hacen referencia a si las cosas pasan una tras la otra en el tiempo, o pasan al mismo tiempo. Usar esos conceptos en una teoría funcional me parece impertinente y, en todo caso, deberían ser utilizados como descriptores secundarios a la teoría explicativa. Por otra parte y tal como te decía en el anterior mensaje, los descriptores de la conducta pueden ser modales; es decir, no tener en cuenta el tiempo sino los aspectos espaciales u cualquier otro tipo de aspecto que sirva a la idea de describir lo que acontece y cómo acontece.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tu comentario último se centra ahora en los conceptos de proceso y de resultado. Proceso conlleva la idea de sucesión de cosas en el tiempo y por tanto la idea de diacrónico le es pertinente. Resultado o efecto es una categoría que puede indicar la consecuencia de un proceso, pero también la consecuencia de una acción o de una relación. Puede inducir a pensar que lo actual es sincrónico, ¿pero sincrónico respecto a qué?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Todo el tema se ve distinto si tomas como criterio del discurso psicológico la categoría de relación y, más concretamente, la relación funcional o causa. La asociación es relación funcional o causa, como lo son los elementos materiales, las finalidades, los factores y los determinantes del campo psíquico. La ciencia, al centrarse en las relaciones funcionales o causas, construye un discurso teórico distinto al que hace el lenguaje ordinario, la psicología diferencial descriptiva y las tecnologías. Todos estos discursos se han construido con el criterio de extensión o corporeidad y usan categorías de acción, efecto, estado, proceso, disposición o capacidad y otras. Cuando se toma el criterio funcional, de movimiento o cambio, la mayoría de categorías y conceptos derivados de aquel lenguaje dejan de tener sentido o toman otro sentido. Tal es el caso de la categoría de proceso. El lenguaje ordinario acostumbra a suponer que el proceso tiene lugar en un sitio, por ejemplo en el cerebro, en cambio la psicología funcional interpreta el concepto proceso como el repetición de las relaciones asociativas, con sus factores —estructurales, históricos y situacionales— y sus determinantes de todo orden. Aprendizaje y desarrollo son conceptos que refieren el aspecto procesal de la conducta pero se entienden de manera muy distinta si asume el criterio de relación o se continúa con el criterio de extensión. En el póster sobre “&lt;i&gt;Psychological&lt;/i&gt;&lt;i&gt; Criteria, Categories and Concepts&lt;/i&gt;” que tienes en la web del Liceu Psicològic, pongo los dos lenguajes entrelazados para poder pasar del uno al otro pero destacando la contraposición de criterios.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;De todas maneras, el tema de si lo psicológico es sincrónico o diacrónico es un tema sin sentido, tal como te decía en mi anterior mensaje. Otra cosa es que el tiempo y el modo sean parámetros utilizados para desarrollar la taxonomía funcional asociativa del Condicionamiento, la Percepción y el Entendimiento. Pero este, efectivamente, es otro tema y no se relaciona con la contraposición diacrónico-sincrónico.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a name="10"&gt;&lt;/a&gt;&lt;b&gt;10 Ricardo Pérez:&lt;/b&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tú [Carlos Mario] dices:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- "Estoy de acuerdo con que la actividad es lo que se da en tiempo y espacio, pero no creo que una abstracción tenga que ser sincrónica (o diacrónica)". Estoy de acuerdo. De la abstracción no puede predicarse la sincronía o diacronía. Pero yo no dije eso; la prueba está en una cita mía que tú mismo reescribes: "el comportamiento es una abstracción de las actividades, y como tal, es una conceptualización de una relación que sólo existe sincrónicamente". De lo que puede predicarse sincronía o diacronía es de las relaciones. La abstracción, como cualquier interacción psicológica se da siempre en tiempo presente, ya sea sobre relaciones diacrónicas o sincrónicas. Se abstraen propiedades relacionales de instancias pero no se abstraen las instancias. De acuerdo, la categorización no es sincrónica, aunque pueda hacerse sobre propiedades relacionales sincrónicas de un conjunto de instancias. La categorización se da en tiempo presente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sin embargo, el quid del asunto que ahora se me revela, es la concepción de lo sincrónico. Le dices a Roca:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;"la pensaba como sincrónica en tanto era una relación (presentación conjunta consistente) entre reacciones (e.g., oír campana y salivar) dada como un acontecimiento particular ubicado espacio-temporalmente...". Lo vinculas con el resultado de un proceso, de modo que para ti el proceso es diacrónico y el resultado es sincrónico. Estás enfatizando el carácter simultáneo pero con "ubicación espacio-temporal" de la relación. Al contrario, el punto que propongo es que lo que se gana con describir como sincrónica la relación es porque permite el análisis de las propiedades funcionales, que se dan gracias a las relaciones de ocurrencia espacio temporal, pero no se definen a partir de ellas. El carácter sincrónico de la interacción psicológica que defiendo, tiene que ver con las funcionalidades que representan la organización cualitativa, la cual sólo existe como abstracción. Pero tal organización implica un corte en el tiempo para poder predicarse como tal y no tiene "ubicación espacio-temporal" porque es una abstracción. La sincronía no es sinónimo de resultado como punto final de una línea (la cual no es abstracción y sí está definida espacio-temporalmente), sino de la organización que permite la funcionalidad presente cuando se hace un corte en el tiempo, y tal organización puede incluir el primer punto de la línea, varios del centro y el final (y en esa medida es abstracción).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Podría pensarse en procesos a los que se aplica la dimensión temporal y "procesos" a los que no se aplica, y en eso, al parecer, estoy de acuerdo con Roca. Es esta distinción la que tiene que ver con la discusión de diacronía y sincronía (es decir, procesos diacrónicos y sincrónicos). Sin embargo, estoy de acuerdo contigo en que no es claro Roca, pues al hablar de repetición, no encuentro otra forma de entenderla si no es en relación a un evento temporal previo. Esto contradeciría cuando dice que no tiene sentido la discusión de lo diacrónico o sincrónico si se refiere exclusivamente al orden temporal, pues al hablar de repetición, lo incluye. Si rescato lo que plantea como su tesis, al margen de esto, la comparto: la definición de lo psíquico sólo puede darse como funcionalidad y ésta escapa de las dimensiones espacio temporales, igualmente para Ribes. No obstante, es la sincronía como corte en el tiempo, la que permite hacer el análisis funcional.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Voy a intentar hacer un ejemplo para aclarar mis ideas, con el condicionamiento clásico que es el más simple, apoyándome en el texto de Ribes (1997) que te sugerí anteriormente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una &lt;strong&gt;relación espacio temporal (contingencia de ocurrencia)&lt;/strong&gt; en este fenómeno:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se presenta primero el EC (con una respuesta de orientación vinculada), se presenta luego el EI (con una RI vinculada). Como resultado de esto, se establece RC con antelación al EI. Acá tú puedes identificar un proceso diacrónico, establecido en tiempo y espacio. Ese orden temporal es necesario para que la RC se establezca. Corresponde al análisis molecular, que tiene en cuenta el parámetro tiempo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Como consecuencia, se establece la siguiente &lt;strong&gt;relación funcional (contingencia de función):&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La propiedad funcional del EC se adquiere en virtud de las propiedades del EI, y de su RI vinculada. Y las propiedades funcionales de la RC se establecen en virtud de las propiedades de la RI. Tales propiedades funcionales involucran aspectos que sucedieron antes y que suceden ahora; no tiene que ver con qué ocurrió primero y qué después; además, no pueden predicarse de cada etapa de las relación espacio temporal ("el proceso diacrónico") sino de la organización resultante sincrónica. No pueden analizarse o concebirse tales propiedades funcionales como definitorias de lo psicológico si no se establece tal organización sincrónica: es esta organización la que permite la atribución de funcionalidad, y por tanto, necesariamente lo psicológico requiere tal sincronía. El asunto es que ésta no existe si no se abstrae, porque tal sincronía no es el resultado, no es la RC ante el EC, sino la organización abstraída que permite hablar de funcionalidad psicológica. Corresponde al análisis molar, y el tiempo acá no es relevante, aunque el corte en el tiempo de la organización, permite hacerlo. Entonces no tiene que ver con el tiempo como parámetro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Entonces, existe un conjunto de acontecimientos ubicados espacio-temporalmente, sincrónicos, pero no es esta sincronía espacio-temporal per se la que es relevante, sino la organización funcional que puede analizarse a partir de tal sincronía; tal organización no se define en tiempo y espacio pero sí gracias a ellos, es abstraída y corresponde a lo psicológico.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Específicamente relacionado con tu propuesta:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando afirmas que lo psicológico es construcción de asociaciones y no asociaciones construidas, surgen las inquietudes que motivaron la discusión de lo diacrónico y lo sincrónico. ¿En qué consiste la construcción? ¿Es la construcción algo diferente de la asociación? ¿Existen las asociaciones construidas y no en construcción? ¿Lo psicológico es la asociación o la construcción? Esto acerca mucho el asunto a la postulación de procesos adicionales a la asociación.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Claro. Las leyes sólo serán posibles como descripciones formales de relaciones moleculares dadas en tiempo y espacio. Pero las taxonomías se dan como organización conceptual de las organizaciones funcionales, y por tanto, son lentes que dirigen la mirada sobre qué tipo de relaciones moleculares pueden ser relevantes.&lt;/div&gt;&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4035601442093608707-5253520683230976907?l=psnaturalista.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://psnaturalista.blogspot.com/feeds/5253520683230976907/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://psnaturalista.blogspot.com/2008/06/correspondencia-2008.html#comment-form' title='6 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4035601442093608707/posts/default/5253520683230976907'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4035601442093608707/posts/default/5253520683230976907'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://psnaturalista.blogspot.com/2008/06/correspondencia-2008.html' title='Correspondencia: sobre la sincronía/diacronía'/><author><name>Carlos Mario Cortés H.</name><uri>http://www.blogger.com/profile/12963637383503195568</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='http://3.bp.blogspot.com/_bKf7hBd5SBs/SaBzRkViaqI/AAAAAAAAADU/sJ6k3xZUotk/S220/Toles.jpg'/></author><thr:total>6</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4035601442093608707.post-4040103670840432731</id><published>2008-02-21T23:28:00.013-05:00</published><updated>2011-09-24T21:21:35.619-05:00</updated><title type='text'>Lo psicológico, ¿sincrónico o diacrónico?</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;i style="color:#999"&gt;Febrero de 2008&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;[RAE: &lt;a href="http://buscon.rae.es/draeI/SrvltGUIBusUsual?TIPO_HTML=2&amp;amp;TIPO_BUS=3&amp;amp;LEMA=sincr%C3%B3nico"&gt;Sincrónico&lt;/a&gt;, &lt;a href="http://buscon.rae.es/draeI/SrvltGUIBusUsual?TIPO_HTML=2&amp;amp;TIPO_BUS=3&amp;amp;LEMA=diacr%C3%B3nico"&gt;Diacrónico&lt;/a&gt;]&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: right;"&gt;&lt;i style="color: rgb(153, 153, 153);"&gt;Post Scriptum: &lt;/i&gt;&lt;span style="color: rgb(153, 153, 153);"&gt;Los términos &lt;/span&gt;&lt;span style="font-style: italic; color: rgb(153, 153, 153);"&gt;sincronía &lt;/span&gt;&lt;span style="color: rgb(153, 153, 153);"&gt;y &lt;/span&gt;&lt;span style="font-style: italic; color: rgb(153, 153, 153);"&gt;diacronía&lt;/span&gt;&lt;span style="color: rgb(153, 153, 153);"&gt; se refieren &lt;/span&gt;&lt;span style="color: rgb(153, 153, 153);"&gt;a las propiedades&lt;br /&gt;temporales de un concepto: 'dado en un mismo &lt;/span&gt;&lt;span style="color: rgb(153, 153, 153);"&gt;momento' y 'dado a través del tiem-&lt;br /&gt;po', respectivamente.  La dis&lt;/span&gt;&lt;span style="color: rgb(153, 153, 153);"&gt;cusión que se quiere plantear en esta entrada del blog es&lt;br /&gt;sobre la &lt;/span&gt;&lt;span style="color: rgb(153, 153, 153);"&gt;concepción que se tiene de lo psicológico: o bien es un predicado&lt;/span&gt;&lt;span style="color: rgb(153, 153, 153);"&gt; para la des-&lt;br /&gt;cripción de acontecimientos presentes; o bien es la &lt;/span&gt;&lt;span style="color: rgb(153, 153, 153);"&gt;descripción de una forma de cambio&lt;br /&gt;dada a través del tiempo.&lt;br /&gt;&lt;span id="fullpost"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;Quiero replantear las inquietudes recogidas por el profesor Ricardo en el &lt;a href="http://psnaturalista.blogspot.com/2007/09/comentarios-sobre-las-lecturas.html#c8051308515890061140"&gt;comentario del 2007.09.13&lt;/a&gt;. Trataré de dar una solución a las que pueda y exploraré un poco las que no, con el fin de animar la participación en el blog. Especialmente, invito a los nuevos participantes (Jorge Campo, L. A. Arango, Rolando y a “IdisMetal”) a que hagan sus aportes, bien pueden ser inquietudes que les suscite la lectura de los textos, o bien interpretaciones que nos puedan aportar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Este &lt;i&gt; post &lt;/i&gt;tratará sólo la primera cuestión que se plantea, aquella sobre la definición de lo propiamente psicológico: ¿es el proceso de ajuste o el producto de éste (&lt;i style=""&gt;las concreciones&lt;/i&gt;, en lenguaje de Roca)? Para responder a esto, en principio, basta con citar alguno de tantos pasajes donde Roca afirma lo primero—a saber, que es el proceso—, pero lo que necesitamos es la justificación de tal idea. Al hacerlo espero ampliar la respuesta a la inquietud de Jorge Campo acerca de la noción de &lt;i style=""&gt;movimiento&lt;/i&gt; [&lt;a href="http://psnaturalista.blogspot.com/2007/09/comentarios-sobre-las-lecturas.html#c1348332566190769870"&gt;Comentario del 2008.01.08&lt;/a&gt;].&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Haciendo frente a una crítica al asociacionismo, Roca sostiene que el concepto de &lt;i style=""&gt;asociación&lt;/i&gt; debe tomarse «como descriptor de &lt;i style=""&gt;construcción&lt;/i&gt; de relaciones ontogenéticas entre reacciones vitales» (&lt;i style=""&gt;&lt;a href="http://psnaturalista.googlegroups.com/web/Psicolog%C3%ADa%3A%20una%20introduccion%20te%C3%B3rica.pdf?gda=OuYzXmUAAACWfKoaSJTr3937x94BdWJsHRHGAU3X4ynL1VbFbITyOmG1qiJ7UbTIup-M2XPURDS3HfCuuq4X6KLWjZtnl24OktlFsFVzZUTCZ3Ur6OJ2DbiANqiQUcWTxM1USVbHtSxY46rk85R48mt" title="Psicología: una introducción teórica (2004)"&gt;PIT&lt;/a&gt;&lt;/i&gt;, p. 218, énfasis agregado). Así, siendo este concepto el descriptor cualitativo [causa formal] del comportamiento psíquico, debe entenderse que dicho comportamiento consiste en el &lt;i style=""&gt;proceso de construcción&lt;/i&gt;, no en los productos del mismo o &lt;i style=""&gt;concreciones&lt;/i&gt; psicológicas. Esto se reafirma con lo dicho en la página 157 del mismo texto: «…el comportamiento psíquico es la organización de consistencias o la construcción de asociaciones, tal y como lo hemos definido desde un principio, [esto] significa… que la conducta psíquica es histórica e individual…» (se suprimen partes que no son relevantes para lo que ahora nos ocupa). &lt;p&gt;&lt;/p&gt;Es así porque el concepto que rige la teoría de Roca es el de comportamiento (o movimiento, o dinámica, o animación, o relación funcional, o cambio), el cual indica la actividad de una &lt;i style=""&gt;única realidad&lt;/i&gt;. Por ello: &lt;p&gt;&lt;/p&gt;&lt;blockquote&gt;«Es necesario convenir que definir lo psicológico como conducta y así querer diferenciarlo de otros fenómenos es una decisión nefasta. Es inadecuada porque todo es conducta. Es conducta el intercambio químico en la sinapsis, es conducta la estimulación reverberante de un circuito neuronal, lo es el condicionamiento del sistema inmunológico y lo es el acuerdo social sobre cómo preservar las tradiciones, por ejemplo. Conducta o comportamiento son conceptos sinónimos que se han de utilizar para definir el carácter general de la naturaleza que es móvil, que cambia o que funciona. Por esta razón es tan importante definir la psicología como el estudio del comportamiento asociativo, indicando el carácter comportamental de la psique, pero también su calidad esencial básica que distingue aquel comportamiento de otros comportamientos» (&lt;i style=""&gt;PIT, &lt;/i&gt;p. 290)&lt;/blockquote&gt;&lt;p&gt;&lt;/p&gt;Al parecer, en Ribes, tal y como lo menciona Ricardo, lo psicológico sí es una relación sincrónica funcional que se establece en virtud de la historia. Pero no es el caso de Roca, pues tal definición sincrónica comporta la distinción organismo-medio, la cual considera que es inaceptable dentro de la definición naturalista de los fenómenos estudiados por las ciencias funcionales. De tal suerte «si se tiene que hablar de estímulos o respuestas se hará sólo para describir los elementos o las competencias empleadas para la medida de aquello que es &lt;i style=""&gt;propiamente el funcionamiento psicológico&lt;/i&gt;» (p. 53, énfasis agregado). No se trata, pues, de discriminar qué respuestas del organismo son psicológicas, sino de especificar los factores relacionales que dan cuenta de la construcción de consistencias (un fenómeno dinámico) que determinan las concreciones (tal vez equivalentes a las funciones estímulo-respuesta de Ribes). Esto se justifica en que «Las ciencias funcionales procuran formular principios generales, que reciben el nombre de leyes y que consisten en identificaciones de los cambios cuantitativos en una dinámica particular; leyes que pretenden ser universales, más allá de las concreciones de los fenómenos que han tomado de base experimental u observacional» (p. 17). De manera que, si las leyes se formulan acerca de las dinámicas, el objeto de las ciencias debe ser la dinámica misma, no su concreción.&lt;br /&gt;&lt;p&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Carlos Mario Cortés H.&lt;/p&gt;&lt;/div&gt;&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4035601442093608707-4040103670840432731?l=psnaturalista.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://psnaturalista.blogspot.com/feeds/4040103670840432731/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://psnaturalista.blogspot.com/2008/02/lo-psicolgico-sincrnico-o-diacrnico.html#comment-form' title='16 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4035601442093608707/posts/default/4040103670840432731'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4035601442093608707/posts/default/4040103670840432731'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://psnaturalista.blogspot.com/2008/02/lo-psicolgico-sincrnico-o-diacrnico.html' title='Lo psicológico, ¿sincrónico o diacrónico?'/><author><name>Carlos Mario Cortés H.</name><uri>http://www.blogger.com/profile/12963637383503195568</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='http://3.bp.blogspot.com/_bKf7hBd5SBs/SaBzRkViaqI/AAAAAAAAADU/sJ6k3xZUotk/S220/Toles.jpg'/></author><thr:total>16</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4035601442093608707.post-1779500597795161424</id><published>2007-09-15T09:53:00.005-05:00</published><updated>2011-09-24T21:22:09.188-05:00</updated><title type='text'>Introducción: Sobre las causas y el movimiento</title><content type='html'>&lt;div style="TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;i style="color:#999"&gt;Septiembre de 2007&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;El grupo &lt;span style="FONT-STYLE: italic"&gt;Psicología Naturalista&lt;/span&gt; ha sido creado con el fin de estudiar y difundir la propuesta teórica de Josep Roca i Balasch, psicólogo y filósofo catalán que, siguiendo los lineamientos básicos de la psicología interconductual de Kantor, plantea una recategorización de los fenómenos psicológicos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los conceptos de &lt;span style="FONT-STYLE: italic"&gt;causa &lt;/span&gt;y de &lt;span style="FONT-STYLE: italic"&gt;movimiento &lt;/span&gt;son los ejes centrales de dicha propuesta. Éstos son presentados en los nueve postulados siguientes, que se reproducen del &lt;a href="http://psnaturalista.googlegroups.com/web/Cap.4%20de%20Ps%3A%20una%20intro.pdf?gda=I4FfmU0AAACWfKoaSJTr3937x94BdWJsHRHGAU3X4ynL1VbFbITyOmG1qiJ7UbTIup-M2XPURDQgDV5Hxbm05iIZKt47otyPBfJ6npIVQe2X4GJ_Iu2Bew&amp;amp;hl=es"&gt;capítulo 4&lt;/a&gt; del texto &lt;a href="http://psnaturalista.googlegroups.com/web/Psicolog%C3%ADa%3A%20una%20introduccion%20te%C3%B3rica.pdf?gda=OuYzXmUAAACWfKoaSJTr3937x94BdWJsHRHGAU3X4ynL1VbFbITyOmG1qiJ7UbTIup-M2XPURDS3HfCuuq4X6KLWjZtnl24OktlFsFVzZUTCZ3Ur6OJ2DbiANqiQUcWTxM1USVbHtSxY46rk85R48mt4MG8B-YVP&amp;amp;hl=es"&gt;&lt;span style="FONT-STYLE: italic"&gt;Psicología: una introducción teórica&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; (2004), y del artículo &lt;span style="FONT-STYLE: italic"&gt;Movimientos y Causas: Manifiesto para una psicología natural&lt;/span&gt; (publicado en la revista &lt;span style="FONT-STYLE: italic"&gt;Acta Comportamentalia&lt;/span&gt; en el Vol. 5, Núm. 1, de 1997, pp. 5-16). En ningún caso se pretende remplazar la lectura del texto, pues sólo se presentan los postulados sin la ampliación que el autor hace de ellos. Están aquí con el fin de explicitar el espacio conceptual en el cual se mueven las discusiones que se publican en esta página.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;POSTULADOS SOBRE EL MOVIMIENTO&lt;br /&gt;&lt;blockquote&gt;&lt;span style="FONT-STYLE: italic"&gt;Postulado 1:&lt;/span&gt; La esencia de la naturaleza es el movimiento.&lt;br /&gt;&lt;span style="FONT-STYLE: italic"&gt;Postulado 2:&lt;/span&gt; Hay movimiento en cualidad, cantidad y evolución.&lt;br /&gt;&lt;span style="FONT-STYLE: italic"&gt;Postulado 3: &lt;/span&gt;Las ciencias se definen, primeramente, por el tipo de movimiento cualitativo o comportamiento que estudian.&lt;br /&gt;&lt;span style="FONT-STYLE: italic"&gt;Postulado 4:&lt;/span&gt; Las ciencias se definen, secundariamente, por el estudio de los cambios en aumento y disminución.&lt;br /&gt;&lt;span style="FONT-STYLE: italic"&gt;Postulado 5: &lt;/span&gt;Las ciencias se definen, en tercer lugar, por el estudio de los cambios en evolución.&lt;/blockquote&gt;&lt;br /&gt;POSTULADOS SOBRE LA CAUSALIDAD&lt;br /&gt;&lt;blockquote&gt;&lt;span style="FONT-STYLE: italic"&gt;Postulado 6:&lt;/span&gt; Causa significa relación de dependencia.&lt;br /&gt;&lt;span style="FONT-STYLE: italic"&gt;Postulado 7:&lt;/span&gt; La primera causa a considerar es la causa formal.&lt;br /&gt;&lt;span style="FONT-STYLE: italic"&gt;Postulado 8:&lt;/span&gt; La segunda causa a considerar es la causa materia.&lt;br /&gt;&lt;span style="FONT-STYLE: italic"&gt;Postulado 9:&lt;/span&gt; La tercera causa a considerar es la causa final.&lt;br /&gt;&lt;span style="FONT-STYLE: italic"&gt;Postulado 10:&lt;/span&gt; La cuarta causa a considerar es la que podríamos denominar causa variante.&lt;br /&gt;&lt;span style="FONT-STYLE: italic"&gt;Postulado 11:&lt;/span&gt; La quinta causa a considerar es la causa eficiente. &lt;/blockquote&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="TEXT-ALIGN: justify"&gt;Con base en estos postulados, la realidad deja de entenderse primeramente como una colección de objetos que se extieneden en el espacio y el tiempo, los cuales hacen o padecen acciones. Por el contrario, lo único que debe concebirse teóricamente son diferentes movimientos cualitativos (formalmente diferenciados) como formas de organización de la realidad, que son: el comportamiento material, el comportamiento vital, el comportamiento psíquico y el comportamiento convencional. Sus causas formales —es decir, cada una de sus formas características de organización— son la &lt;span style="FONT-STYLE: italic"&gt;conmutación&lt;/span&gt;, la &lt;span style="FONT-STYLE: italic"&gt;reacción&lt;/span&gt;, la &lt;span style="FONT-STYLE: italic"&gt;asociación &lt;/span&gt;y la &lt;span style="FONT-STYLE: italic"&gt;convención&lt;/span&gt;, respectivamente. Con estos conceptos se quiere dar cuenta de las cuatro formas particulares de organización de la realidad, cada una de las cuales tiene como base material el comportamiento anterior, según este orden presentado. Así, por ejemplo, el comportamiento psíquico es el comportamiento asociativo que tiene por base (o causa) material al comportamiento reactivo (vital). Es decir, lo psíquico depende materialmente para su existencia de que haya una reactividad biológica, la cual determina los elementos que entrarán en el orden asociativo (relaciones psíquicas).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Un factor determinante del comportamiento psíquico es la &lt;span style="FONT-STYLE: italic"&gt;causa final&lt;/span&gt;, pues fija la existencia de los tres únicos fenómenos de la psique: La percepción, el condicionamiento y el entendimiento. (Desde luego que estos conceptos, según la forma en que son empleados por Roca, distan de su uso en la tradición psicológica y filosófica, pues su espacio conceptual es determinado por la concepción comportamental, y no extensional, de la realidad.) Dado que esta causa “describe la relación de dependencia ajustativa de cada forma de comportamiento respecto de las otras”, se justifica hablar de estos tres fenómenos psíquicos, pues son el ajuste a los universos comportamentales físico-químico (material), al biológico (vital) y al social (convencional), respectivamente. Siendo esto el único criterio que limita su existencia (ningún “procesamiento interno” es considerado, pues tal cosa obedecería a una concepción extensional).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Es así como se llega, finalmente, a la definición de lo psíquico: El ajuste ontogenético a las condiciones de vida preexistentes que determinan las concreciones asociativas particulares. Tal determinación es la&lt;span style="FONT-STYLE: italic"&gt; causa eficiente&lt;/span&gt;: la relación de dependencia efectiva entre el comportamiento psíquico y unas condiciones particulares y concretas de otro(s) comportamiento(s). El hablar de ajuste &lt;span style="FONT-STYLE: italic"&gt;ontogenético&lt;/span&gt; se justifica según la causa material del comportamiento asociativo, que es el vital, pues esto lo enmarca en una estructura biológica particular, la cual es susceptible de ser modificada en virtud de la historia interactiva comportamental. Esto es, los fenómenos psíquicos son la reorganización de la reactividad biológica —de la materia viva— que, en términos extensionales, se da en un organismo, en virtud de las presiones de los comportamientos físico-químico, social y el propio biológico. Pero lo que interactúa no es este organismo como una realidad definida espacialmente, sino los comportamientos que lo definen; cosa que está más allá de sus límites espaciales. &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;Carlos Mario Cortés H.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4035601442093608707-1779500597795161424?l=psnaturalista.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://psnaturalista.blogspot.com/feeds/1779500597795161424/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://psnaturalista.blogspot.com/2007/09/el-grupo-psicologa-naturalista-ha-sido.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4035601442093608707/posts/default/1779500597795161424'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4035601442093608707/posts/default/1779500597795161424'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://psnaturalista.blogspot.com/2007/09/el-grupo-psicologa-naturalista-ha-sido.html' title='Introducción: Sobre las causas y el movimiento'/><author><name>Carlos Mario Cortés H.</name><uri>http://www.blogger.com/profile/12963637383503195568</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='http://3.bp.blogspot.com/_bKf7hBd5SBs/SaBzRkViaqI/AAAAAAAAADU/sJ6k3xZUotk/S220/Toles.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4035601442093608707.post-3887002917514576898</id><published>2007-09-01T19:45:00.001-05:00</published><updated>2011-09-24T21:22:37.615-05:00</updated><title type='text'>Comentarios sobre las lecturas realizadas</title><content type='html'>&lt;i style="color:#999"&gt;Septiembre de 2007&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;Atendiendo a la sugerencia del Profesor&amp;nbsp;Ricardo, publico esta entrada con el fin de que en los comentarios dejemos nuestras impresiones sobre lo que hemos leido hasta ahora del texto.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&amp;nbsp;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Carlos Mario Cortés H.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4035601442093608707-3887002917514576898?l=psnaturalista.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://psnaturalista.blogspot.com/feeds/3887002917514576898/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://psnaturalista.blogspot.com/2007/09/comentarios-sobre-las-lecturas.html#comment-form' title='8 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4035601442093608707/posts/default/3887002917514576898'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4035601442093608707/posts/default/3887002917514576898'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://psnaturalista.blogspot.com/2007/09/comentarios-sobre-las-lecturas.html' title='Comentarios sobre las lecturas realizadas'/><author><name>Carlos Mario Cortés H.</name><uri>http://www.blogger.com/profile/12963637383503195568</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='http://3.bp.blogspot.com/_bKf7hBd5SBs/SaBzRkViaqI/AAAAAAAAADU/sJ6k3xZUotk/S220/Toles.jpg'/></author><thr:total>8</thr:total></entry></feed>
